MI BODA – S&J – 1ª Parte

Creo que es justo que después de dos semanas sin blog, hoy os enseñe un post muy especial como éste.

EL DÍA DE MI BODA

En primer lugar contaros que, la noche anterior y la misma noche de la boda nos quedamos, tanto nosotros como un montón de familiares y amigos, en un hotel cercano tanto a la iglesia como a la finca. Fue una de las mejores decisiones que pudimos tomar. El día de antes de nuestra boda era 8 de diciembre, festivo. Nos reunimos muchísimos para comer en un pueblecito de Madrid. Cuando terminamos la sobremesa, el Sr. Marido y yo nos fuimos a colocar algunos detalles que nos faltaban. Cuando terminamos y volvimos, ahí estaban, las habitaciones con las puertas abiertas y todos de una a otra, comiendo un canapé aquí, una copita allá…

La verdad es que yo estaba cansada y quería meterme en la cama lo antes posible. Al día siguiente tenía que estar a las siete de la mañana en pie, así que mi prima me hizo el esmalte permanente en manos y pies y me fui a mi habitación.

Esa noche decidimos que el Sr. Marido dormiría con sus padres y yo dormiría con mi madre. Pensé que me iba a costar dormir o que no pegaría ojo, pero no fue así.

Me desperté sobre las siete y cinco de la mañana. No podía creer que ese día hubiera llegado. No estaba nerviosa, aún. Desayuné lo que pude y no fui muy consciente de nada más. Todo pasó muy deprisa. Me peinaban, maquillaban, vestían, etc… y, como si las horas hubieran sido minutos, ya estábamos haciéndonos fotos a punto de salir para la iglesia.

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El coche que el Sr. Marido había contratado nos esperaba ya en la puerta del hotel. En ese momento sólo quedábamos mi madre, mi padre y yo. La verdad es que fue un momento muy íntimo y familiar. Justo lo que se necesita en ese momento.

JOSE FRANCISCO REINA RUIZ

Mi hermano había decidido que no quería verme hasta que no entrara y me viera recorrer el pasillo de la iglesia, por lo que había salido con el Sr. Marido en su coche unos minutos antes.

El trayecto para mí fue algo entre maravilloso y eterno. Parecía que habíamos recorrido 100km. En ese momento no era nervios lo que sentía, era emoción. Tenía unas profundas ganas de llorar de la felicidad. Estaba empapándome de cada momento. Durante el camino sólo podía pensar que era uno de los días más felices de nuestra vida. Y que, el hombre que me estaba esperando en el altar era la persona que siempre había soñado que fuese. En fin, que me puse muy ñoña, no nos vamos a engañar.

JOSE FRANCISCO REINA RUIZJOSE FRANCISCO REINA RUIZJOSE FRANCISCO REINA RUIZJOSE FRANCISCO REINA RUIZJOSE FRANCISCO REINA RUIZ

Cuando llegué a la iglesia (super puntual por cierto), el novio estaba entrando. Esperé dos minutos en el coche. Cuando fue el momento de salir del coche, mi padre y unas amigas vinieron a ayudarme. La primera lágrima se me escapó cuando conseguí colocarme y vi en la puerta de la iglesia que, algunos de nuestros amigos, se habían colocado para hacerme “el paseíllo”.

JOSE FRANCISCO REINA RUIZ

Y llegó el momento…

JOSE FRANCISCO REINA RUIZ

Todavía lo recuerdo y me emociono. Puede parecer lo típico, pero yo ese momento de entrar y recorrer el pasillo de la iglesia, mientras sonaba la versión instrumental de “A Thousand Years” de Christina Perri, con la persona a la que adoraba esperándome al otro lado, lo recuerdo y recordaré como uno de los momentos más emocionantes y bonitos de mi vida.

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La ceremonia fue preciosa. Se me pasó volando. Tuvimos un par de “Fails” que ya os contaré más adelante.

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A la salida habíamos puesto saquitos de arroz con nuestro sello para que pudieran tirarnos nuestros invitados.

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Y después de hacernos alguna foto con familiares y amigos, nos subimos en el coche, ya como marido y mujer. Y pusimos rumbo hacia el sitio donde celebraríamos que habíamos tomado la mejor decisión de nuestra vida.


MI LOOK


Mi vestido era de Dánae Tobajas Couture.

Los zapatos son de Üterque.

Utilicé un body sin espalda de Corsetería Lupe que me recomendó mi diseñadora.

Los pendientes tienen historia la verdad. Me compré unos buenos dos meses antes y no estaba muy convencida. Justo el día antes de la boda fuimos a comprar un paraguas grande, por si acaso llovía, y encontré otros pendientes monísimos de bisutería. Así que no, no llevé joyas de Suarez ni de Rabat.

En la mano izquierda llevaba un anillo de oro blanco y brillantes con el símbolo de infinito que me regaló el Sr. Marido unas navidades y el anillo de pedida, de oro blanco y un diamante.

El ramo me lo hizo la Floristería Mariflauers, a partir de una foto que yo les llevé. Además, ellas me decoraron la iglesia tanto por dentro como por fuera.

Del pelo y el maquillaje se encargaron las chicas de Studio25. Me tengo que parar un momento aquí, porque tanto Sofía como Alba se portaron taaan taaan bien.¡Me ayudaron en todo y me dejaron muy mona, oye!. Además venía de una experiencia super traumática con otros “profesionales” y me atendieron con poquísimo tiempo y prácticamente sin margen de maniobra.

La corona fue cosas de mis amigas. Me hicieron una despedida super chula con las chicas de Peonías Eventos y María de Flores en el Columpio. En ella hicimos un taller con flores preservadas en el que yo ¡Me hice mi propia corona! Y sí, es la corona de flores que llevé ese día.

JOSE FRANCISCO REINA RUIZ


LOOK DEL NOVIO


Llevaba un chaqué azul marino, con un chaleco gris con línea muy fina burdeos y una clásica camisa blanca de algodón hecha a medida. Todo de Fields.

La corbata era de seda natural, también burdeos con topitos azul turquesa de Lester.

Los gemelos y el pañuelo los compró en Trajes Guzmán.

Los zapatos que llevaba eran de Emidio Tucci de El Corte Inglés.

JOSE FRANCISCO REINA RUIZ


Tengo preparadas cosas miles de cosas en la cabeza para enseñaros sobre mi boda.

Espero que muy pronto pueda enseñaros la segunda parte querid@s.

Como siempre, GRACIAS.

Miss Sara & Co

 

 

MI PEDIDA DE MANO

Bueno, pues ya estamos por aquí de nuevo para contaros cómo fue mi pedida de mano.

La verdad es que yo siempre había soñado con ese momento, lo tenía bastante idealizado (quizá por las pelis de Divinity). Aunque los dos teníamos claro que queríamos casarnos, al Sr. Marido era un tema que no le corría ninguna prisa, por lo que era algo que estaba encima de la mesa, pero nunca te lo esperas.

Un 20 de noviembre como otro cualquiera, si no recuerdo mal un jueves, me llama el Sr. Marido y me dice que tiene que darme una noticia muy buena en relación a su trabajo, que va a cambiar nuestra vida y que me invitaba a cenar esa noche para celebrarlo. Para poneros en antecedentes, mi marido, por entonces, estaba temporal en una gran empresa, haciendo todos los méritos posibles para que le contratasen de manera indefinida. Lo primero que pensé fue que le habían contratado o que le había llamado la competencia para ofrecerle un puesto.

Cuando llegó a casa, yo me moría por saber que era lo que tenía que contarme, pero por supuesto, él no me dijo nada, lo único que hizo durante toda la tarde fue, sin llegar a decirme nada claro, alimentar mi idea del contrato indefinido.

Otra cosa que tampoco me dijo fue dónde íbamos a cenar, sabía que había reservado en algún sitio porque me dijo que teníamos que salir de casa a una hora concreta pero no sabía dónde.

Cuando me monté en el coche y puso el GPS, aluciné con el tiempo de trayecto ¡Casi una hora! Mi lado cotilla no podía más, y le martiricé todo el camino con preguntas y suposiciones, incluso creo que en algún momento le dije algo así como: “¿No me irás a pedir matrimonio ahora verdad?”

Al fin llegamos, era un pueblo pequeño, hacía frío, estaba todo cerrado y no había ni un alma ya por la calle. Cuando vi el tema, tengo que confesar que me temí lo peor… Pero de pronto, llegamos a una especie de callejón y al entrar veo un vagón de tren precioso, era un restaurante muy pequeñito, dentro de un vagón de tren, me quedé alucinada, incluso creo que él también alucinó un poco.

Al entrar, nos ayudaron con los abrigos, los colgaron en un perchero que había cerca de la mesa y nos sentaron en una mesita pequeña, con una luz muy tenue y romántica. Al ver el menú se me empezó a caer la baba. Pedimos una botella de vino y veía que, aún sin gustarle, el Sr. Marido no paraba de pedir que le sirvieran más, aunque no le di mayor importancia. En ese momento yo estaba hablando continuamente con mis amigas por WhatsApp comentándoles la jugada, empecé a sospechar algo, la verdad. Lo que no sabía es que él también estaba hablando con ellas, ya que le ayudaron a preparar todo.

A mitad de la cena me levanté para ir al baño. En ese momento él aprovechó para coger el anillo que tenía en el abrigo y se lo puso debajo de la mesa. Cuando volví, él me dijo que también necesitaba ir al baño, y al levantarse, se arrodilló, cogió la caja del anillo, la abrió y me dijo: ¿QUIERES CASARTE CONMIGO?

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Me quedé… sin palabras…

Las personas que estaban en el restaurante nos empezaron a mirar con los mismos ojos del “gatito de shrek” y a aplaudir, yo estaba en shock, sinceramente, algo me olía pero jamás pensé que hincaría rodilla, y menos así, delante de todo el mundo al más puro estilo “Divinity”. Por supuesto, le dije que sí, y él, estaba tan nervioso y le daba tanta vergüenza la situación que me dejó el anillo en la mesa y se volvió a sentar… cuando lo vi no me podía reír más… le dije: “¿Pero es que no me lo piensas poner?”

Lo demás ya os lo podéis imaginar… volvimos a casa en una nube y a partir de ahí empezó la aventura…

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Muy pronto más…
Miss Sara & Co

NUESTRA HISTORIA

Mi marido y yo nos conocimos en la Feria de Málaga, aunque parezca raro, los dos somos de Madrid, pero el destino hizo que fuera allí donde nos intercambiáramos los teléfonos.

Al mes de volver a Madrid, empezamos a hablar y un día decidimos quedar para tomar algo en una terracita. Se nos pasó volando el tiempo y cuando quisimos darnos cuenta ya eran las tantas. Él me dejó en casa y no habían pasado ni 5 minutos cuando recibo un mensaje suyo. Yo todavía no tenía ni idea, pero para mi marido, mantener el interés después de hablar conmigo toda una tarde era muy importante.

Después de un año de relación nos tiramos a la piscina y nos fuimos a vivir juntos, a un piso pequeño pero muy chulo, en un municipio de Madrid. Íbamos justitos de dinero (yo era becaria en mi empresa) por lo que decoramos la casa con los muebles más baratos del Ikea y con lo que la gente nos iba dejando/regalando… Al final, el resultado fue bastante aceptable y empezamos nuestra nueva etapa. Para nosotros fue un lujazo poder tener intimidad, vivíamos bastante lejos el uno del otro y siempre teníamos que andar de un lado para otro con el coche, gastándonos millonadas en comidas, cenas y meriendas… en fin… los que hayáis pasado por la etapa del noviazgo me entenderéis.

CASA TORREJON
@miss.sara.and.co – Piso de solteros

Tras un tiempo, cuando nuestra situación empezó a mejorar, decidimos trasladarnos a nuestro piso actual, más cerquita de nuestros respectivos trabajos. Es un piso más antiguo, también de dos habitaciones pero con dos baños en vez de uno. El único inconveniente es que estaba amueblado, por lo que nuestros muebles se han quedado desperdigados por diferentes trasteros de amigos y familiares. Tengo que decir que mi casa actual me encanta por su ubicación y confort, pero es verdad que la decoración no me apasiona. Además, tengo un marido muy tradicional, el cuál piensa que invertir dinero en decoración de una casa que no es tuya es una pérdida de tiempo.

casa madrid
miss.sara.and.co – Rincón casa actual

El 9 de diciembre de 2017 pusimos el broche final a nuestro noviazgo para comenzar una nueva etapa como marido y mujer con nuestra boda. Todavía pienso en ella y se me ponen los pelos de punta… Como veis no es una fecha muy común, pero ya os contaré el por qué…

Seguimos muy pronto…

Gracias.

Miss Sara & Co