MI EXPERIENCIA CON LA LACTANCIA

Pues sí, por fin, después de seis meses de lactancia, os cuento mi experiencia.

Muchas ya sabéis algunos puntos de esta experiencia porque he ido comentado cosas por Instagram, otras me habéis pedido consejo y otras tantas apareceréis aquí buscando información como he buscado yo miles y miles de veces antes de ser madre y durante estos meses. Pues bien, quiero aclarar en primer lugar que lo que os voy a contar es simplemente mi experiencia, en el tema de la lactancia y los bebés A+B no siempre es igual a C. Para muchas será algo más de información para decidir si queréis darle o no el pecho a vuestros hijos, para otras será consuelo y para otras simplemente una experiencia más que leer.  Además, quiero poneros en este post, todos los recursos que yo utilicé a modo de información.

Pero, como siempre, empecemos por el principio…

Cuando me quedé embarazada, entre muchas dudas y decisiones por tomar estaba esta, la lactancia. ¿Sería capaz de darle el pecho a mi bebé? ¿Me saldrían las famosas grietas? ¿Me subiría la leche? ¿Me dolería?

La verdad es que siempre tuve claro que quería darle el pecho a mi hijo, pero, después de escuchar tantos casos de “lactancias fallidas” y de escuchar a muchas madres como sus inicios habían sido durísimos y dolorosos, me asaltaban miles de dudas. No me informé lo suficiente antes de que naciese Pablo sobre este tema, lo reconozco, pero es cierto que siempre tuve claro una cosa: no le daría el pecho a mi hijo si eso suponía una tortura para mi. Creo firmemente en los beneficios de la lactancia materna, pero también entiendo que darle el pecho a tu hijo estando angustiada, dolorida o estresada no le aporta a nuestros bebés nada bueno.

Así que, cuando di a luz, hice el piel con piel e intenté que el niño se enganchara por sí solo, pero no lo conseguía. Me da muuuucha envidia esas mamás que según dan a luz le ponen a su hijo al pecho y se engancha sin problema. En mi caso no fue así, y de hecho ese fue el mayor inconveniente de mi lactancia. Estuve desde el jueves que di a luz hasta el domingo por la mañana ingresada, y la leche no subía. La primera noche, al nacer tan tarde, el niño solo quería dormir, así que la pasamos todo lo bien que cabe. Pero según iban avanzando las horas, Pablo empezaba a tener hambre y el calostro no era suficiente para él. La matrona que me tocó el primer día no ayudó mucho, estaba empeñada en que tenía que darle el pecho y sólo sabía decirme que si le dábamos complemento sería “bajo nuestra responsabilidad”. Os aseguro, que cuando eres primeriza, esa frase te retumba en la cabeza y te crea muchas inseguridades. El caso es que, después de oír llorar a mi hijo durante horas, y de ver como había perdido bastante peso en sólo un día, me enfadé, y le pedí al Sr. Marido que fuera a por un complemento de biberón al control, que se lo iba a dar BAJO MI RESPONSABILIDAD. Por suerte, había habido un cambio de turno, la matrona que estaba en ese momento vino a ver al niño y le metió un dedo en la boca. Tenía el paladar seco, eso significaba que tenía sed o hambre y, como era lógico, nos confirmó que necesitaba un complemento.

Nos trajo una jeringuilla con un tubito muy muy fino, me puso el niño al pecho e introdujo el tubito por la comisura de los labios del niño mientras apretaba la jeringuilla para que le fuese saliendo la leche de fórmula. De esta manera le “engañamos” para que siguiese estimulando el pecho. La verdad, creo que es una técnica estupenda para no “matar” al niño de hambre hasta que te sube la leche y a la vez no poner en peligro la lactancia materna.

Estas cosas son las que te pasan cuando eres primeriza, hoy por hoy, no dejaría llorar en ningún caso, a mi bebé recién nacido POR HAMBRE durante horas, sabiendo que hay otros métodos y maneras de hacerlo.  Ya os digo que no me informé demasiado antes de tener a Pablo, confiaba demasiado en el instinto y en que sabría cómo hacerlo. ERROR. Una vez más, la información es poder. Y también por esta falta de información, no me di cuenta que Pablo no tenía un buen enganche, pero esto os lo contaré más adelante.

Después de dos días en casa siguiendo esta técnica, por fin me subió la leche, pero para entonces, ya tenía una grieta que me provocaba bastante dolor. Así que, en una de las innumerables visitas del Sr. Marido a la farmacia, le encargué que comprara unas pezoneras y el famoso *Purelan. La farmacéutica le recomendó las de *Medela, y la verdad es que me gustaron bastante, se sujetaban bien al pecho, eran finitas y traía un estuche para guardarlas. Alucinada me quedé cuando supe que había tallas, en mi caso la M era la adecuada. Con las pezoneras mejoró todo muchísimo, y al cabo de una semana pude dejar de usarlas.

** Os dejo los enlaces con sus precios.

Aún así, Pablo no ganaba el peso que debía ganar, iba muy poco a poco, por lo que, en una de las visitas al pediatra, nos recomendó darle suplemento. Así lo hicimos, empezamos a darle después del pecho un suplemento de 30ml de biberón. Para nosotros lo primero fue siempre su salud y bienestar.

Pero, quien realmente hizo que consiguiese una lactancia “cómoda”, bonita y exitosa tanto para Pablo como para mi, fue una enfermera especializada en lactancia de nuestro centro de salud de la Seguridad Social que nos recomendó la pediatra.

A parte de tirarse con nosotros todo el tiempo que hizo falta, aproximadamente media hora dentro de la consulta, nos facilitó los recursos que necesitábamos. Me enseñó a enganchar el niño al pecho de manera correcta, con el pezón hacia el paladar (para mi ésta fue la técnica que marcó la diferencia sin duda) y la boca muy abierta. Siempre había escuchado e incluso me habían dicho que para facilitar el enganche tenías que coger el pecho y cuando el niño abriera bien la boca meter el pezón con la areola incluido, pero este simple gesto de con un dedo dirigir el pezón hacia el paladar del bebé (hacia arriba) no. Os dejo una foto de Amamantar con Amor, y su post donde os lo explica fenomenal.

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Amamantar con Amor

Además, la enfermera, me facilitó varias páginas webs y vídeos por si tenía dudas, una de ellas es e-lactancia.org, una web en la que, si te tienes que tomar por cualquier motivo un medicamento, te indica si es compatible con la lactancia o no. Y os aseguro que a mi me ha venido fenomenal, por ejemplo, en épocas de alergia donde he tenido que tomarme antihistamínicos. También me recomendó darle entre toma y toma, los 30ml de complemento, en vez de dárselo inmediatamente después del pecho, quedando un esquema como este:

Sin título nnY por último, algo que creo que también funcionó bastante bien es darle los complementos con el biberón de Dr. Brown. ¿Por qué? Pues porque después de mi experiencia y de usar varios bibes (incluso los que se supone que son específicos para bebés que toman pecho), me he dado cuenta que en la mayoría, sale demasiado flujo de leche, y eso hace que para ellos sea más fácil, y por lo tanto, dado que los bebés son bebés pero no tontos, terminan prefiriendo el bibe. En cambio, los de Dr. Brown son específicos para prevenir o tratar los cólicos, y el flujo de leche es muy lento. Creo que no se debe sólo a la tetina, si no también al mecanismo que tiene para evitar que trague aire el niño al succionar. Os dejo enlace del biberón aquí

Después de esta visita, hicimos seguimiento con ella cada tres días durante un tiempo y más tarde cada semana, aumentando el complemento a 60ml según iban pasando las semanas y asegurándonos de que el niño iba ganando el peso que le correspondía. Cuando el peso del niño se estabilizó, empezamos lo que yo creía que era lo más difícil y que nos resultó bastante fácil. Empezamos a quitarle complemento, primero en algunas tomas, normalmente alternando, de este modo:

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Y así mantuvimos hasta que Pablo tenía unos dos meses y medio o tres y recuperó más o menos el peso que debía coger.

No os diré que quedarnos con el pecho única y exclusivamente era algo que me preocupara, porque, como ya os he dicho, me importaba más que el niño ganase peso y estuviera sanito.

Después de un fin de semana de esos en los que tienes más planes que horas tiene el día y no eres capaz de prestar demasiada atención a nada, me di cuenta que Pablo había tomado complemento en muy pocas tomas. Pedía pecho cada poquitas horas, pero no lloraba de desesperación y se saciaba rápidamente. A causa de la locura que había sido ese fin de semana, simplemente le había dado pecho cuando pedía sin reparar en las horas y los complementos correspondientes. Pues bien, ese “fallo” por mi parte, hizo que a partir de ese momento, estableciéramos la lactancia materna exclusiva.

Y pensaréis, ¿Qué fácil no?, ¿Cuál fue el truco?

Creo que dejar de pensar en la lactancia fue la clave del éxito. Me explico, cuando tienes tiempo para sentarte, darle el pecho durante un buen rato (mientras te aburres), calcular cuándo le toca la próxima toma, estar pendiente de si llora para darle el biberón, etc, etc, etc… entras en un bucle y miras al detalle cada paso que das. Yo, sin embargo, ese fin de semana, no tuve tiempo ni para pensar. Le había dado el pecho en la terraza de un bar, en el restaurante, en la cocina de mis padres y en mil sitios más… sin parar a pensar cuándo había sido la última vez que le había dado, simplemente cuando el niño tenía hambre, yo respondía a su reclamo. Imaginaos cómo serían esos dos días, que ya os digo que hasta que no llegó el lunes, y el fin de semana concluyó, no fui consciente de lo que había pasado.

Eso sí, el camino no ha sido fácil, porque además de pasar por todo este proceso, he tenido que enfrentarme durante el mismo a la mirada acusadora y a juicios paralelos de mi entorno cuando mi hijo no cogía peso o lo cogía muy poco a poco.

Los comentarios del tipo “el pecho no le alimenta”, o en forma de pregunta “¿No será que tu leche no le alimenta?” o “Pues mi hijo toma/tomaba biberón y no se ha puesto malo nunca”. Los escuchareis queridas, pero no os preocupéis, sabemos que no haríamos nada que perjudicase a nuestros hijos. Bajo mi punto de vista, la prioridad no debe ser la lactancia, la prioridad debe ser que nuestros hijos crezcan sanos y fuertes y eso pasa por intentar un tipo de alimentación que puede proporcionarles múltiples beneficios como es la leche materna entre otras.

Tengo que confesaros, que a día de hoy, recién cumplidos los seis meses,  y pese a que paso fuera de casa más de diez horas al día por mi trabajo, me resisto a dejarla. Contra todo pronóstico, esa manita acariciándote y esos ojos negros que te miran mientras le das el pecho me tienen enamorada completamente.

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Miss Sara & Co

 

EL BAUTIZO DE PABLO

Pues sí, como much@s sabéis este fin de semana hemos celebrado el bautizo de Pablo.

Ha sido un día muy bonito aunque muy estresante.

Me habéis pedido que os cuente algunas cosas del bautizo porque algunas mamás estáis preparando el de vuestros peques, así que aquí va un mini post del tema.

En primer lugar, decir que no hubo fotógrafo profesional, un amigo nos iba a hacer las fotos pero se le olvidó la cámara, así que, las fotos que tenemos son todas hechas con el móvil.

En primer lugar, y lo más importante, elegimos la Real Colegiata de San Isidro de Madrid. Por varias razones, pero principalmente porque le bautizaban a él sólo, un sábado y a las seis de la tarde. Estuvimos preguntando en muchísimas iglesias, desde la parroquia de nuestro barrio hasta varias iglesias que nos gustaban del centro, y en la mayoría el bautizo era con más niños y los domingos por la tarde. No me apetecía que fuera un día en el que la gente tuviera que estar nerviosa por irse a su casa o no porque al día siguiente tuviera que trabajar. Por otro lado, si hubiese sido por la mañana no podríamos haber hecho la celebración de después tipo picoteo como lo hicimos. Además de todo esto, la iglesia es preciosa, y el cura que celebró el bautizo, nos lo hizo super ameno y nos puso todas las facilidades del mundo. La verdad, os recomiendo esta iglesia cien por cien.

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El sitio donde lo celebramos es un restaurante que visitamos bastante. Es un sitio normal, pusimos raciones, a modo de picoteo y tipo cóctel. Si no recuerdo mal estaba compuesto por mini hamburguesas, nachos, buñuelos de queso de cabra, croquetas variadas y huevos rotos con jamón. De postre nos pusieron crepes de chocolate y profiteroles con nata.

Las invitaciones las diseñamos nosotros y las enviamos a través de WhatsApp.

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El traje del niño es el que llevó su padre hace justo treinta años, así que no tuve que comerme la cabeza. No ha sido algo planeado ni algo que su padre hubiera pensado antes de que se me ocurriera a mí. Un día, en casa de mis suegros, hablando del bautizo, pregunté si guardaban el faldón del Sr. Marido y me dijeron que sí. Lo sacamos y vimos que estaba perfecto, así que lo llevamos al tinte y la verdad es que le quedaba perfecto y es precioso. Lo que más me gustó del faldón es que era blanco, no blanco roto, ni beige, ni crema, no, era blanco puro.

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Por si os sirve, antes de saber de la existencia de este faldón estuve mirando los de Doña Carmen, que en relación calidad/precio, creo que son los mejores.

La verdad es que le compré unos zapatos y le pedí a una tía que le hiciera unos patucos, pero fui incapaz de ponerle nada en los pies con el calor que hacía. Cuando la ceremonia acabó y empezó la celebración cambié al niño y le puse una ranita blanca de plumeti que compré en las rebajas de Neck & Neck de la que os dejo el enlace aquí. Ahí si le puse los zapatos, que era unos “pepitos” de toda la vida en piel blancos, os dejo también el enlace por aquí.

Nuestra amiga Sandra, nos regaló la mesa de dulces de Cori’s, como ya os he contado en mi instagram. La temática eran los elefantes, y estaba confeccionada en tonos azul, gris y blanco, que sabéis que son los colores que más me gustan para Pablo.

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Además, a ella le encargamos también los detalles para invitados, que más tarde, “customizamos” con una foto que hicimos nosotros y encargamos en modelo retro revelar a Cheerz y una pinza blanca que compramos en un chino cercano y pegamos.

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Por último os dejo una imagen nuestra. Mi vestido era de El Corte Inglés y los zapatos de Marypaz.

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Y sí, ese día por la mañana me corté el pelo, ¡Por fin!, me tiré a la piscina, ¿qué os parece el cambio?

Gracias por vuestras felicitaciones y buenos deseos.

Miss Sara & Co.

ESTÁS EMBARAZADA, NO ENFERMA

¿Cuántas veces, las que han estado embarazadas o lo estamos, hemos escuchado esta frase?

Yo, desde luego, muchas. ¡Y eso que todavía voy por mi sexto mes de embarazo!

Desde el minuto uno he tenido que escuchar esto de muchas personas diferentes. Además, casi siempre, estos comentarios suelen venir de mujeres. Porque sí, aunque sea triste, para mi sorpresa, las que más me han cuestionado y menos empáticas se han mostrado conmigo han sido las mujeres de mi entorno.

En mi caso, durante el primer trimestre, físicamente mi embarazo no me limitaba demasiado. Quizá estaba más cansada que de costumbre, las tardes se me ponía mal cuerpo o me daba reflujo y tenía pequeños dolorcillos de regla, como ya sabéis, para mí lo peor fue la parte psicológica en esta etapa.

Eso sí, dile tú a una señora, con vómitos desde que se levanta hasta que se acuesta o con mareos constantes o con bajadas de tensión brutales hasta el desmayo o con un popurrí de éstos y otros síntomas que está embarazada, no enferma.

Pero es que no es necesario ni que te quejes ni que tengas ningún síntoma, simplemente hay gente que te lo recuerda por “si se te olvida”, sin ningún motivo aparente.

Luego llega el segundo trimestre, el mejor según “el manual de la perfecta embarazada”, y ahí si que no tienes derecho alguno de quejarte por nada. Porque todavía la tripa no te pesa, porque “ya se han pasado las náuseas y mareos” y porque en este trimestre tienes que ser la mujer más feliz del mundo. Pues bien, en este caso, si puedo hablar en primera persona. Efectivamente, en la semana 11 los síntomas que tuve desaparecieron, y desde ahí hasta la semana 21/22 todo fue estupendo y maravilloso, sinceramente pensaba que iba a ser un embarazo perfecto.

El problema llega cuando aparece en tu vida unos dolores muy fuertes en la parte media de la espalda desde que te levantas hasta que te acuestas, cuando llegas a casa llorando por no soportarlo más, cuando ese dolor va bajando poco a poco hasta la pierna y un día cuando te levantas del sillón te das cuenta que no puedes andar y es tu marido el que te tiene que llevar a la cama en volandas. El problema llega cuando te diagnostican una lumbalgia y posteriormente una ciática. ¿Pero sabes cuál es el verdadero problema? Cuando “gente”, de tu entorno te dice: “Hija, estás en la semana 23, si ya te empieza a doler la espalda…” o “¿Es muy pronto para que tengas ciática no?”.

A parte de fuera de lugar, para mí, son comentarios cargados de mala leche que cuestionan, innecesariamente, lo que te pasa.

Pero, ¿y en el tercer trimestre?. Yo de este aún no puedo hablar, aunque viendo el tamaño de mi tripa actual y como estoy me puedo imaginar lo que me espera. En este trimestre normalmente te coges la baja, ya sea a la semana 28 o a la 38. Como opinión personal, tengo que decir que cada mujer lleva su embarazo de una manera distinta. No creo que existan dos embarazos iguales, incluso de una misma mujer, por lo que cada una deberíamos decidir hasta cuando, cómo y en qué condiciones trabajar. Con lo que no puedo, es con esos comentarios de “super mujeres” con el único fin de compararse contigo y hacerte sentir que eres una floja del tipo: “Yo aguanté hasta el último día, un poco más y lo tengo en el trabajo”, “¿Te vas a dar de baja ya?, pues yo iba a trabajar aunque fuese a rastras” o “¿Para qué te vas a coger la baja si tu trabajo es de oficina?”.

Y que conste que no digo que un embarazo no pueda ser maravilloso, ni que estar embarazada signifique estar enferma, para nada. Lo que digo, es que un embarazo es un proceso físico y psicológico, muy heavy por cierto, por el que pasa una mujer para traer un bebé al mundo.

Hay mujeres que lo llevan mejor, mujeres que lo llevan peor, mujeres que ni se enteran de su embarazo y mujeres que se pasan los nueve meses padeciendo. Cada cuerpo, responde de una manera y debemos respetarlo y no juzgar. Sobre todo, tenemos que evitar hacer ese tipo de juicios de valor que tanto nos gustan. Para esto no existe un manual, un libro o una fórmula exacta que te diga qué va a pasar en cada día o semana de tu embarazo, y quizás por eso es tan bonito y tan duro el embarazo.

¿Cuándo he utilizado yo esta frase?

Porque sí, yo también la he utilizado y seguro que muchas de vosotras también.

¿Quién no ha tenido esos momentos protagonizados por un/una padre, madre, marido, suegra, hermano, amigo, etc., en los que no te deja ni respirar? Te mira si el café es descafeinado, repentinamente te levanta las piernas para que no se te hinchen, te pone el cojín detrás de la espalda, te trae una botella de agua porque consideran que no estás lo suficientemente hidratada y te tapa hasta la boca por si tienes frío, para que no te cojas un resfriado.

O esos comentarios del tipo: “Ay hija no te agaches que estás embarazada” o “Cariño no cojas esa bolsa (que pesa unos 250gr) a ver si te vas a hacer daño”.

Yo la verdad es que me parto, porque intuyo que esto pasa porque es el primero y que con el segundo lo echaré de menos, pero muchas veces me ha salido la frase: “Mamá por Dios, déjame vivir que no estoy enferma, estoy embarazada”.

Porque por supuesto, y por suerte, no estamos enfermas, estamos embarazadas y no necesitamos que nadie nos lo recuerde porque ¡LO SABEMOS!

Miss Sara & Co.

P.D.: Gracias por estar siempre ahí, por hacer que escribir este blog tenga sentido y por hacérmelo saber.

 

MI EMBARAZO: Primer Trimestre

Terminé mi anterior post diciendo que en el momento en el que me enteré de que estaba embarazada aún no lo sabía, pero que me me esperaban, quizás los peores meses de mi vida. Pues bien, creo que así fue.

Tras los cuatro o cinco primeros días en lo cuales estuvimos como en una nube, empezó a aparecer en mi mente la duda y el miedo…

Una semana y media después de enterarme decidí ir a urgencias, la incertidumbre me estaba matando y necesitaba saber que todo iba bien. Pues bien, las noticias no fueron de lo más tranquilizadoras. Al hacerme la eco vieron un pequeño saco, pero estaba vacío. Le pregunté al doctor cuánto medía y me dio unas medidas superiores a las que tuve incluso estando de siete semanas en mi anterior embarazo, y entonces dirigiéndome hacia el Sr. Marido comenté: “Qué bien, ya mide más de lo que medía la bolsa en el anterior embarazo estando de siete semanas”. Entonces, el doctor, en un comentario tan innecesario como real me contestó: “Bueno, sé objetiva, esto no significa nada”.

En fin, salí de allí hecha polvo con la recomendación de que pidiera cita para diez días después. El Sr. Marido no hacia más que decirme que no eran malas noticias, que todo estaba bien. Yo solo podía pensar en que no iba a tener fuerzas para pasar otra vez por lo mismo. Esos diez días os podéis imaginar lo largos que se hicieron… Pero para ponerme las cosas un poquito más “fáciles” durante ese tiempo manché, nada significativo que me hiciera ir a urgencias, pero manché. Lo daba ya todo por perdido y me resigné a ello la verdad, estaba esperando el momento en que aquello fuera a más para confirmarlo. Gracias a Dios no pasó…

Como era agosto, mi gine estaba de vacaciones, por lo que tuve que pedir cita con otro ginecólogo del hospital del que no tenía referencias. Al fin llegó el día y los nervios me comían, allí conmigo estaban mis padres y el Sr. Marido, y en el último momento llegaron unos amigos, eso hizo que consiguiera distraerme un poquito, aunque aún así la espera se me hizo eterna. Después de todo estaba “preparada” para que me dijesen cualquier cosa. Al fin mi turno, las piernas me temblaban y creía que me iba a desmayar (y no estoy exagerando). Como estaría, que el Sr. Marido tuvo que decirle al médico que me disculpara, que él le contaría todo porque yo estaba tan nerviosa que no atinaba ni a hablar… El médico empatizó totalmente conmigo y me trató con mucho cariño. Cuando me empezó a hacer la eco yo no podía ni mirar la pantalla, me tapé la cara en un acto total de cobardía. Y de pronto escuché las palabras mágicas: “Enhorabuena, está embarazada y está todo bien”. Entonces miré, y lo vi, mi #littlerainbow estaba ahí. Mi siguiente pregunta fue: “¿Le late el corazón?”. Sí, le latía, lo escuché y me emocioné.

Pero no, el miedo y la angustia no desapareció después de aquello. Ahora se había multiplicado si cabe. Las siguientes semanas fueron de lo más angustiosas, y no puedo explicar por qué mi mente se empeñaba en no dejarme disfrutar, pero lo hacía. Tres semanas después volví a tener una consulta con mi ginecóloga, todo seguía perfecto, eso me tranquilizó un poquito, pero por poco tiempo. Cuando hablaba del bebé, no podía quitarme de la boca el “…si todo va bien…”, “…si no pasa nada…”

Curiosamente, para mi tener síntomas como náuseas, ardores y cansancio era una alegría inmensa. Significaba que, seguramente, todo iba bien.

Estuve dos semanas en la playa de vacaciones y eso me “salvó” un poco. Estaba distraída y acompañada, y de esa manera conseguí controlar un poco la angustia. Creo que nunca en mi vida he pasado tanto miedo. Estaba alerta siempre, incluso me decía a mi misma que tenía que hacerme a la idea de que iba a perder el bebé por si volvía a pasar.

A esto se le sumó, una vez más, la incomprensión de la gente de mi entorno. Nadie entendía por qué pensaba esas cosas, nadie entendía por qué estaba tan negativa o por qué estaba triste. Las frases de “Tienes que disfrutar el embarazo…”, “No tienes motivos para estar triste…”, “No puedes ser tan negativa…”, me rechinan todavía… Ya sé que tengo que disfrutar del embarazo y que no tenía motivos para estar triste, a NADIE le hubiese gustado más que a MI poder estar tranquila como cualquier otra mujer esos meses. ¿De verdad es tan difícil de entender? ¿De verdad no podemos ponernos en el lugar del otro?

Me hago cargo que es complicado entender lo que supone un aborto a nivel emocional o psicológico. Pero, ¿de verdad es tan difícil de entender que cuando pasas por una situación como esta y te vuelves a quedar embarazada es inevitable sentir miedo y angustia? Lo único que consiguen este tipo de comentarios, o al menos en mi caso, es que no verbalizase todo lo que sentía por miedo a tener que escucharlos otra vez. Y sinceramente, creo que eso tampoco ayuda.

La pregunta es: “¿Cuándo desaparecen esos sentimientos?”

La respuesta es difícil porque cada mujer necesita sus tiempos, creo que un embarazo de por sí, ya genera preocupación en algunas etapas. Ahora, embarazada de 15 semanas, estoy empezando a distinguir lo que es la preocupación normal de cualquier mujer que está embarazada y lo que he sentido yo durante estos meses.

Ahora estoy disfrutando mucho más del embarazo, en la eco de los tres meses, cuando le vi por primera vez con la formita de un bebé, me di cuenta que no había pensado en él como tal, estaba más preocupada preparándome para lo peor. Ni siquiera le había hablado, no había sido consciente de nada. Me sentí muy culpable. Estaba demasiado concentrada pensando en el embarazo como un estado y no había pensado ni un minuto en mi bebé.

Y justo en ese momento en que ves a tu bebé moviendo sus brazos y piernas, escuchas de nuevo su corazón latir con más fuerza y distingues sus ojitos, su naricita y su boquita, te das cuenta que todo ha merecido la pena.

A raíz del post de mi aborto, muchas chicas se han puesto en contacto conmigo para contarme sus experiencias. Tanto mujeres que han perdido su bebé y se encuentran de nuevo en la búsqueda de un embarazo, como mujeres que ya tienen a su bebé arcoiris y han pasado por la experiencia de vivir un embarazo tras un aborto. Os quiero dar las gracias a todas, porque ahora sé que hice bien en escribirlo, que hablar de esto puede ayudar a muchas mujeres y que saber que otra persona ha pasado o está pasando por lo mismo que tú proporciona algo de consuelo.

Para terminar, os enseño la evolución de la tripita durante estos meses

Gracias de nuevo a todos…

Miss Sara & Co

 

 

¡Estoy embarazada!

Much@s son las preguntas que me habéis planteado desde que anuncié en las RRSS que estoy embarazada.

“¿Cuánto has tardado en quedarte otra vez embarazada?”

“¿Cómo te enteraste?”

“¿Qué pensaste cuando te enteraste?”

Etc…

Pues bien, os voy a contar como fue todo…

Después del aborto, como creo que les pasa a muchas mujeres, no quería ni volver a oír hablar de otro posible embarazo. Me daba pánico, literalmente.

Después de su periodo correspondiente, los médicos me dieron “el alta” y me comentaron que a partir de ese momento “poníamos de nuevo el contador a cero” en lo que a la parte física se refería, pero que por el tema psicológico yo decidiría cuando volver a intentarlo.  Según la doctora me decía eso yo pensaba “pues entonces me da que no voy a volver en mucho tiempo”. Nada más lejos de la realidad… porque como se suele decir “no se puede escupir pa’ arriba”.

En fin, que pasado unas semanas, en el trabajo, empecé a notarme rara. Sueño, hinchazón, sensibilidad en el pecho… Os aseguro que JAMÁS DE LOS JAMASES pensé que estaba embarazada. Pasaba un día, y otro y otro… y yo super tranquila seguía con mi vida, ni siquiera estaba pendiente del calendario… Para que veáis hasta qué punto estaba convencida, pedí en Amazon unos test de ovulación para saber si tras el aborto se me había regulado bien el ciclo, casualmente era el típico pack que venía con unos cinco test de embarazo. Si alguna vez se me pasaba por la cabeza pensaba: “No lo hemos buscado, hay una posibilidad entre 5500 millones”. (¡Qué ilusa!)

Un día, por la mañana, en el trabajo, empecé a darle vueltas a la cabeza… ¿Sabéis ese momento en el que se te enciende de repente la bombilla y empiezas a verlo todo con más claridad?, pues algo así me pasó a mi… ¿Sería posible?. Sólo había una manera de saberlo. Tenía test en casa y lo mejor era hacerme uno y salir de dudas. Pasé una mañanita toledana dándole vueltas a la cabeza. Justo ese día había quedado con mi padre para comer en su casa y me pasaba a buscar. No podría hacerme el test hasta por la tarde y estaba ya demasiado impaciente. Así que según íbamos de camino le pedí que por favor parase en mi casa un segundo, tenía algo que coger. (MENTIRA).

Él se quedó en el coche esperando y yo subí. Me lo hice… y a los 10 segundos vi que asomaba la segunda rayita rosa… El corazón me iba a mil, cada vez que miraba la rayita estaba más marcada. ¡Oh Dios mío!, ¡No podía ser!.

Pero sí, sí era, #littlerainbow🌈 ya estaba en nuestras vidas.

Imaginad el ejercicio de contención que tuve que hacer para que al bajar no se me notase ni la emoción, ni el temblor de mis manos, ni la felicidad que tenía en el cuerpo en ese momento.

Escribí un WhatsApp al #SrMarido de cual me arrepentí al segundo (suerte que ahora se pueden borrar antes de que los lean). Decidí que esperaría y se lo diría por la tarde cuando llegase a casa. Esa tarde se me hizo eterna, no pude ni echarme la siesta, estaba alucinando. Creo que me pasé media tarde, en la cama de mis padres, mirando al techo, sonriendo como una boba.

Cuando llegó la hora de irme a casa, hablé con el #SrMarido y quedamos en vernos en la puerta de nuestra urbanización para subir juntos. Cuando le saqué el test y se lo enseñé… flipó… literalmente. Nos fuimos a comprar y la cara que llevábamos debía ser de “atontolinados” total.

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Prueba gráfica de nuestra cara ese día

Al día siguiente decidí hacerme otro test y el Clear Blue y todo salió positivo de nuevo. Estaba confirmado, “¿Y ahora qué?”. En ese momento no lo sabía pero lo que me esperaban eran, quizás, los meses más duros de mi vida…

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Test

Gracias.

Miss Sara & Co.