MI EXPERIENCIA CON LA LACTANCIA

Pues sí, por fin, después de seis meses de lactancia, os cuento mi experiencia.

Muchas ya sabéis algunos puntos de esta experiencia porque he ido comentado cosas por Instagram, otras me habéis pedido consejo y otras tantas apareceréis aquí buscando información como he buscado yo miles y miles de veces antes de ser madre y durante estos meses. Pues bien, quiero aclarar en primer lugar que lo que os voy a contar es simplemente mi experiencia, en el tema de la lactancia y los bebés A+B no siempre es igual a C. Para muchas será algo más de información para decidir si queréis darle o no el pecho a vuestros hijos, para otras será consuelo y para otras simplemente una experiencia más que leer.  Además, quiero poneros en este post, todos los recursos que yo utilicé a modo de información.

Pero, como siempre, empecemos por el principio…

Cuando me quedé embarazada, entre muchas dudas y decisiones por tomar estaba esta, la lactancia. ¿Sería capaz de darle el pecho a mi bebé? ¿Me saldrían las famosas grietas? ¿Me subiría la leche? ¿Me dolería?

La verdad es que siempre tuve claro que quería darle el pecho a mi hijo, pero, después de escuchar tantos casos de “lactancias fallidas” y de escuchar a muchas madres como sus inicios habían sido durísimos y dolorosos, me asaltaban miles de dudas. No me informé lo suficiente antes de que naciese Pablo sobre este tema, lo reconozco, pero es cierto que siempre tuve claro una cosa: no le daría el pecho a mi hijo si eso suponía una tortura para mi. Creo firmemente en los beneficios de la lactancia materna, pero también entiendo que darle el pecho a tu hijo estando angustiada, dolorida o estresada no le aporta a nuestros bebés nada bueno.

Así que, cuando di a luz, hice el piel con piel e intenté que el niño se enganchara por sí solo, pero no lo conseguía. Me da muuuucha envidia esas mamás que según dan a luz le ponen a su hijo al pecho y se engancha sin problema. En mi caso no fue así, y de hecho ese fue el mayor inconveniente de mi lactancia. Estuve desde el jueves que di a luz hasta el domingo por la mañana ingresada, y la leche no subía. La primera noche, al nacer tan tarde, el niño solo quería dormir, así que la pasamos todo lo bien que cabe. Pero según iban avanzando las horas, Pablo empezaba a tener hambre y el calostro no era suficiente para él. La matrona que me tocó el primer día no ayudó mucho, estaba empeñada en que tenía que darle el pecho y sólo sabía decirme que si le dábamos complemento sería “bajo nuestra responsabilidad”. Os aseguro, que cuando eres primeriza, esa frase te retumba en la cabeza y te crea muchas inseguridades. El caso es que, después de oír llorar a mi hijo durante horas, y de ver como había perdido bastante peso en sólo un día, me enfadé, y le pedí al Sr. Marido que fuera a por un complemento de biberón al control, que se lo iba a dar BAJO MI RESPONSABILIDAD. Por suerte, había habido un cambio de turno, la matrona que estaba en ese momento vino a ver al niño y le metió un dedo en la boca. Tenía el paladar seco, eso significaba que tenía sed o hambre y, como era lógico, nos confirmó que necesitaba un complemento.

Nos trajo una jeringuilla con un tubito muy muy fino, me puso el niño al pecho e introdujo el tubito por la comisura de los labios del niño mientras apretaba la jeringuilla para que le fuese saliendo la leche de fórmula. De esta manera le “engañamos” para que siguiese estimulando el pecho. La verdad, creo que es una técnica estupenda para no “matar” al niño de hambre hasta que te sube la leche y a la vez no poner en peligro la lactancia materna.

Estas cosas son las que te pasan cuando eres primeriza, hoy por hoy, no dejaría llorar en ningún caso, a mi bebé recién nacido POR HAMBRE durante horas, sabiendo que hay otros métodos y maneras de hacerlo.  Ya os digo que no me informé demasiado antes de tener a Pablo, confiaba demasiado en el instinto y en que sabría cómo hacerlo. ERROR. Una vez más, la información es poder. Y también por esta falta de información, no me di cuenta que Pablo no tenía un buen enganche, pero esto os lo contaré más adelante.

Después de dos días en casa siguiendo esta técnica, por fin me subió la leche, pero para entonces, ya tenía una grieta que me provocaba bastante dolor. Así que, en una de las innumerables visitas del Sr. Marido a la farmacia, le encargué que comprara unas pezoneras y el famoso *Purelan. La farmacéutica le recomendó las de *Medela, y la verdad es que me gustaron bastante, se sujetaban bien al pecho, eran finitas y traía un estuche para guardarlas. Alucinada me quedé cuando supe que había tallas, en mi caso la M era la adecuada. Con las pezoneras mejoró todo muchísimo, y al cabo de una semana pude dejar de usarlas.

** Os dejo los enlaces con sus precios.

Aún así, Pablo no ganaba el peso que debía ganar, iba muy poco a poco, por lo que, en una de las visitas al pediatra, nos recomendó darle suplemento. Así lo hicimos, empezamos a darle después del pecho un suplemento de 30ml de biberón. Para nosotros lo primero fue siempre su salud y bienestar.

Pero, quien realmente hizo que consiguiese una lactancia “cómoda”, bonita y exitosa tanto para Pablo como para mi, fue una enfermera especializada en lactancia de nuestro centro de salud de la Seguridad Social que nos recomendó la pediatra.

A parte de tirarse con nosotros todo el tiempo que hizo falta, aproximadamente media hora dentro de la consulta, nos facilitó los recursos que necesitábamos. Me enseñó a enganchar el niño al pecho de manera correcta, con el pezón hacia el paladar (para mi ésta fue la técnica que marcó la diferencia sin duda) y la boca muy abierta. Siempre había escuchado e incluso me habían dicho que para facilitar el enganche tenías que coger el pecho y cuando el niño abriera bien la boca meter el pezón con la areola incluido, pero este simple gesto de con un dedo dirigir el pezón hacia el paladar del bebé (hacia arriba) no. Os dejo una foto de Amamantar con Amor, y su post donde os lo explica fenomenal.

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Amamantar con Amor

Además, la enfermera, me facilitó varias páginas webs y vídeos por si tenía dudas, una de ellas es e-lactancia.org, una web en la que, si te tienes que tomar por cualquier motivo un medicamento, te indica si es compatible con la lactancia o no. Y os aseguro que a mi me ha venido fenomenal, por ejemplo, en épocas de alergia donde he tenido que tomarme antihistamínicos. También me recomendó darle entre toma y toma, los 30ml de complemento, en vez de dárselo inmediatamente después del pecho, quedando un esquema como este:

Sin título nnY por último, algo que creo que también funcionó bastante bien es darle los complementos con el biberón de Dr. Brown. ¿Por qué? Pues porque después de mi experiencia y de usar varios bibes (incluso los que se supone que son específicos para bebés que toman pecho), me he dado cuenta que en la mayoría, sale demasiado flujo de leche, y eso hace que para ellos sea más fácil, y por lo tanto, dado que los bebés son bebés pero no tontos, terminan prefiriendo el bibe. En cambio, los de Dr. Brown son específicos para prevenir o tratar los cólicos, y el flujo de leche es muy lento. Creo que no se debe sólo a la tetina, si no también al mecanismo que tiene para evitar que trague aire el niño al succionar. Os dejo enlace del biberón aquí

Después de esta visita, hicimos seguimiento con ella cada tres días durante un tiempo y más tarde cada semana, aumentando el complemento a 60ml según iban pasando las semanas y asegurándonos de que el niño iba ganando el peso que le correspondía. Cuando el peso del niño se estabilizó, empezamos lo que yo creía que era lo más difícil y que nos resultó bastante fácil. Empezamos a quitarle complemento, primero en algunas tomas, normalmente alternando, de este modo:

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Y así mantuvimos hasta que Pablo tenía unos dos meses y medio o tres y recuperó más o menos el peso que debía coger.

No os diré que quedarnos con el pecho única y exclusivamente era algo que me preocupara, porque, como ya os he dicho, me importaba más que el niño ganase peso y estuviera sanito.

Después de un fin de semana de esos en los que tienes más planes que horas tiene el día y no eres capaz de prestar demasiada atención a nada, me di cuenta que Pablo había tomado complemento en muy pocas tomas. Pedía pecho cada poquitas horas, pero no lloraba de desesperación y se saciaba rápidamente. A causa de la locura que había sido ese fin de semana, simplemente le había dado pecho cuando pedía sin reparar en las horas y los complementos correspondientes. Pues bien, ese “fallo” por mi parte, hizo que a partir de ese momento, estableciéramos la lactancia materna exclusiva.

Y pensaréis, ¿Qué fácil no?, ¿Cuál fue el truco?

Creo que dejar de pensar en la lactancia fue la clave del éxito. Me explico, cuando tienes tiempo para sentarte, darle el pecho durante un buen rato (mientras te aburres), calcular cuándo le toca la próxima toma, estar pendiente de si llora para darle el biberón, etc, etc, etc… entras en un bucle y miras al detalle cada paso que das. Yo, sin embargo, ese fin de semana, no tuve tiempo ni para pensar. Le había dado el pecho en la terraza de un bar, en el restaurante, en la cocina de mis padres y en mil sitios más… sin parar a pensar cuándo había sido la última vez que le había dado, simplemente cuando el niño tenía hambre, yo respondía a su reclamo. Imaginaos cómo serían esos dos días, que ya os digo que hasta que no llegó el lunes, y el fin de semana concluyó, no fui consciente de lo que había pasado.

Eso sí, el camino no ha sido fácil, porque además de pasar por todo este proceso, he tenido que enfrentarme durante el mismo a la mirada acusadora y a juicios paralelos de mi entorno cuando mi hijo no cogía peso o lo cogía muy poco a poco.

Los comentarios del tipo “el pecho no le alimenta”, o en forma de pregunta “¿No será que tu leche no le alimenta?” o “Pues mi hijo toma/tomaba biberón y no se ha puesto malo nunca”. Los escuchareis queridas, pero no os preocupéis, sabemos que no haríamos nada que perjudicase a nuestros hijos. Bajo mi punto de vista, la prioridad no debe ser la lactancia, la prioridad debe ser que nuestros hijos crezcan sanos y fuertes y eso pasa por intentar un tipo de alimentación que puede proporcionarles múltiples beneficios como es la leche materna entre otras.

Tengo que confesaros, que a día de hoy, recién cumplidos los seis meses,  y pese a que paso fuera de casa más de diez horas al día por mi trabajo, me resisto a dejarla. Contra todo pronóstico, esa manita acariciándote y esos ojos negros que te miran mientras le das el pecho me tienen enamorada completamente.

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Miss Sara & Co