MI BODA – S&J – 2ª Parte

Continúo donde lo dejé en el anterior post sobre el día de mi boda.

Nos casamos sobre la una de la tarde, por lo que sobre las dos, ya estábamos en el coche camino a la finca.

La verdad, creo que aún no éramos muy conscientes de que ya éramos marido y mujer.

JOSE FRANCISCO REINA RUIZ

Cuando llegamos estaba todo el mundo esperándonos en el cenador con el cóctel.

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Una de las cosas que hablamos con el fotógrafo y en la que hicimos mucho hincapié fue que no queríamos una sesión interminable de fotos. Queríamos estar con nuestros invitados en el cóctel el mayor tiempo posible y poder disfrutar con ellos. Creo que fue una de las mejores decisiones que hemos podido tomar. Estuvimos no más de veinte minutos haciéndonos fotos, tiempo más que suficiente para que, como veréis a continuación, salgan fotos chulísimas. El resto del tiempo lo pasamos hablando, riendo y disfrutando con nuestros familiares y amigos. Yo no probé bocado, no me entraba ni un vaso de agua. La cantidad de emociones que sentía me impidieron comer prácticamente nada durante todo el día.

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Cuando terminamos con la sesión exterior, entramos al salón. Nos quedamos impactados de lo acogedor y bonito que había quedado todo. El día anterior habíamos ido a llevar algunas cosas, pero no lo habíamos visto terminado al cien por cien.

Como ya sabéis queríamos que la boda tuviese un toque navideño, por lo que le pedimos a María, nuestra comercial de la finca, que nos ambientase el salón. Además nosotros llevamos decoración que habíamos hecho junto con mi amiga Sandra de Hazloxellashop.

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El palé, la señal, las cajas de madera y la cartelería fue todo DIY.

Otra de las cosas que me hizo Sandra, fue la mesa de dulces. Para mi gusto quedó preciosa y muy navideña. En el último momento decidí comprar los bombones Ferreros porque me pirran y en mi casa es casi un imprescindible en la bandeja del turrón en Navidad.

Junto con los dulces, pusimos una cajita pequeña con pomperos que había comprado en el Primark para los invitados.

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Como es decía, cuando entramos nos quedamos maravillados con lo bonito que estaba todo. Superó mis expectativas con creces.

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Cuando todo el mundo entró en el salón el maître nos indicó que era nuestro momento, debíamos entrar. Y lo hicimos con la canción de “Vida” de Ricky Martin.

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El resto de la comida fue genial. Cada momento sabíamos que debíamos vivirlo con intensidad porque efectivamente, y como la gente suele decir, el tiempo pasaba volando y casi no nos dábamos ni cuenta.

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Como momento emotivo y emocionante de la noche fue cuando entregamos a nuestras madres dos ramos de flores acompañados de la canción de Antonio Orozco y Alejandro Fernández “Estoy hecho de pedacitos de ti”.

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Otro de los momentazos fue cuando dimos a mis amigas, que tan bien se habían portado con nosotros durante ese largo viaje que es planear una boda, unas pulseras personalizadas de Customima.

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Ya sólo nos quedaba lo más importante, y lo que al Sr. Marido más respeto le daba.

¡EL BAILE!

Apenas unos días antes de la boda seguíamos buscando qué canción bailar. Ninguna nos parecía lo suficientemente bonita, queríamos que nos representara y que tuviera algún significado.

Si no recuerdo mal, fue durante una cena en un restaurante. De pronto escuché la canción de “Perfect” de Ed Sheeran y le dije al Sr. Marido que la buscara en Youtube. En cuanto nos paramos a escucharla con detenimiento no tuvimos ninguna duda. ¡Esta era nuestra canción! La verdad es que ahora se escucha por todas partes, pero por entonces acababa de salir y poca gente la había escuchado.

Cuando llegó el momento, nos olvidamos de todo y simplemente bailamos, disfrutamos y nos quisimos.

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A partir de ahí todo fue baile y cachondeito. Nos lo pasamos pipa con nuestros familiares y amigos y exprimimos el momento al máximo.

Lo que más juego dio fue el Fotomatón de Risbox. No nos equivocamos en escogerlo. Los invitados le sacaron mucho partido y a nosotros nos quedó un álbum super divertido. Cada foto que hacen le dan una copia al protagonista y otra copia se pega en un álbum donde pueden ponerte una dedicatoria.

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Cuando todo terminó en la finca, unos pocos decidimos que la noche no podía acabar ahí… Y decidimos salir a darlo, sin rumbo fijo pero más contentos que unas castañuelas y con muchas ganas de pasarlo bien.

Al final terminamos en un “garito” donde estábamos nosotros solos, dándolo todo en cada canción.

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Sobre las 4 a.m. terminó el día más especial de nuestras vidas. Y lo terminamos tal y como lo empezamos, rodeados de amigos y familia.

Sólo puedo decir:

¡GRACIAS!

Gracias a los que hicieron que este día fuera tan mágico y especial para nosotros. Por formar parte de ello y por hacernos sentir TAN TAN QUERIDOS.

Y a ti, Sr. Marido, gracias por hacerme feliz ese y todos los días desde que apareciste en mi vida. Fuiste, eres y siempre serás mi más bonita casualidad.

Lo mejor está por venir, y contigo lo quiero todo…

TE QUIERO

Miss Sara & Co

MI BODA – S&J – 1ª Parte

Creo que es justo que después de dos semanas sin blog, hoy os enseñe un post muy especial como éste.

EL DÍA DE MI BODA

En primer lugar contaros que, la noche anterior y la misma noche de la boda nos quedamos, tanto nosotros como un montón de familiares y amigos, en un hotel cercano tanto a la iglesia como a la finca. Fue una de las mejores decisiones que pudimos tomar. El día de antes de nuestra boda era 8 de diciembre, festivo. Nos reunimos muchísimos para comer en un pueblecito de Madrid. Cuando terminamos la sobremesa, el Sr. Marido y yo nos fuimos a colocar algunos detalles que nos faltaban. Cuando terminamos y volvimos, ahí estaban, las habitaciones con las puertas abiertas y todos de una a otra, comiendo un canapé aquí, una copita allá…

La verdad es que yo estaba cansada y quería meterme en la cama lo antes posible. Al día siguiente tenía que estar a las siete de la mañana en pie, así que mi prima me hizo el esmalte permanente en manos y pies y me fui a mi habitación.

Esa noche decidimos que el Sr. Marido dormiría con sus padres y yo dormiría con mi madre. Pensé que me iba a costar dormir o que no pegaría ojo, pero no fue así.

Me desperté sobre las siete y cinco de la mañana. No podía creer que ese día hubiera llegado. No estaba nerviosa, aún. Desayuné lo que pude y no fui muy consciente de nada más. Todo pasó muy deprisa. Me peinaban, maquillaban, vestían, etc… y, como si las horas hubieran sido minutos, ya estábamos haciéndonos fotos a punto de salir para la iglesia.

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El coche que el Sr. Marido había contratado nos esperaba ya en la puerta del hotel. En ese momento sólo quedábamos mi madre, mi padre y yo. La verdad es que fue un momento muy íntimo y familiar. Justo lo que se necesita en ese momento.

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Mi hermano había decidido que no quería verme hasta que no entrara y me viera recorrer el pasillo de la iglesia, por lo que había salido con el Sr. Marido en su coche unos minutos antes.

El trayecto para mí fue algo entre maravilloso y eterno. Parecía que habíamos recorrido 100km. En ese momento no era nervios lo que sentía, era emoción. Tenía unas profundas ganas de llorar de la felicidad. Estaba empapándome de cada momento. Durante el camino sólo podía pensar que era uno de los días más felices de nuestra vida. Y que, el hombre que me estaba esperando en el altar era la persona que siempre había soñado que fuese. En fin, que me puse muy ñoña, no nos vamos a engañar.

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Cuando llegué a la iglesia (super puntual por cierto), el novio estaba entrando. Esperé dos minutos en el coche. Cuando fue el momento de salir del coche, mi padre y unas amigas vinieron a ayudarme. La primera lágrima se me escapó cuando conseguí colocarme y vi en la puerta de la iglesia que, algunos de nuestros amigos, se habían colocado para hacerme “el paseíllo”.

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Y llegó el momento…

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Todavía lo recuerdo y me emociono. Puede parecer lo típico, pero yo ese momento de entrar y recorrer el pasillo de la iglesia, mientras sonaba la versión instrumental de “A Thousand Years” de Christina Perri, con la persona a la que adoraba esperándome al otro lado, lo recuerdo y recordaré como uno de los momentos más emocionantes y bonitos de mi vida.

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La ceremonia fue preciosa. Se me pasó volando. Tuvimos un par de “Fails” que ya os contaré más adelante.

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A la salida habíamos puesto saquitos de arroz con nuestro sello para que pudieran tirarnos nuestros invitados.

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Y después de hacernos alguna foto con familiares y amigos, nos subimos en el coche, ya como marido y mujer. Y pusimos rumbo hacia el sitio donde celebraríamos que habíamos tomado la mejor decisión de nuestra vida.


MI LOOK


Mi vestido era de Dánae Tobajas Couture.

Los zapatos son de Üterque.

Utilicé un body sin espalda de Corsetería Lupe que me recomendó mi diseñadora.

Los pendientes tienen historia la verdad. Me compré unos buenos dos meses antes y no estaba muy convencida. Justo el día antes de la boda fuimos a comprar un paraguas grande, por si acaso llovía, y encontré otros pendientes monísimos de bisutería. Así que no, no llevé joyas de Suarez ni de Rabat.

En la mano izquierda llevaba un anillo de oro blanco y brillantes con el símbolo de infinito que me regaló el Sr. Marido unas navidades y el anillo de pedida, de oro blanco y un diamante.

El ramo me lo hizo la Floristería Mariflauers, a partir de una foto que yo les llevé. Además, ellas me decoraron la iglesia tanto por dentro como por fuera.

Del pelo y el maquillaje se encargaron las chicas de Studio25. Me tengo que parar un momento aquí, porque tanto Sofía como Alba se portaron taaan taaan bien.¡Me ayudaron en todo y me dejaron muy mona, oye!. Además venía de una experiencia super traumática con otros “profesionales” y me atendieron con poquísimo tiempo y prácticamente sin margen de maniobra.

La corona fue cosas de mis amigas. Me hicieron una despedida super chula con las chicas de Peonías Eventos y María de Flores en el Columpio. En ella hicimos un taller con flores preservadas en el que yo ¡Me hice mi propia corona! Y sí, es la corona de flores que llevé ese día.

JOSE FRANCISCO REINA RUIZ


LOOK DEL NOVIO


Llevaba un chaqué azul marino, con un chaleco gris con línea muy fina burdeos y una clásica camisa blanca de algodón hecha a medida. Todo de Fields.

La corbata era de seda natural, también burdeos con topitos azul turquesa de Lester.

Los gemelos y el pañuelo los compró en Trajes Guzmán.

Los zapatos que llevaba eran de Emidio Tucci de El Corte Inglés.

JOSE FRANCISCO REINA RUIZ


Tengo preparadas cosas miles de cosas en la cabeza para enseñaros sobre mi boda.

Espero que muy pronto pueda enseñaros la segunda parte querid@s.

Como siempre, GRACIAS.

Miss Sara & Co

 

 

LA ELECCIÓN DE LA FINCA

En el último post ya os adelantaba que en éste os hablaría de la finca.

Para mi, una de las elecciones más importantes es dónde celebrarás la boda. Ya sea restaurante, hotel, finca o barbacoa en el campo, al final, pasaréis tanto los novios como los invitados el 80% de lo que dura la boda allí, así que, es recomendable hacer la mejor elección posible. Aunque, en estas cosas, a no ser que tengas alguna referencia (y aún así…) nunca se sabe.

Como os comenté, teníamos claro la zona y el entorno en el que queríamos hacerlo todo. Estuvimos tanto el Sr. Marido como yo bastante tiempo metidos en Bodas.net buscando y buscando. Teníamos algunos imprescindibles: queríamos que fuese una finca, algo rústica, con cocina propia y donde tuviéramos el espacio entero para nosotros y no tuviéramos que compartir con otras bodas. Al ser una boda de invierno, estábamos más limitados, sabíamos que no podíamos hacer nada al aire libre.

Una vez que vimos toda la información que nos habían enviado, pedimos una cita en tres o cuatros sitios. En dos de ellos nos citaron esa misma semana, el sábado. A las diez de la mañana visitaríamos uno y a las doce el otro.

Cuando nos despertamos ese día llovía sin parar, a mares. Pensábamos que viendo así los sitios no nos gustaría ninguno. Pero no, eso no pasó. El primer sitio al que fuimos era muy bonito pero estaba mucho más lejos de la Iglesia y el menú era algo más caro. Además, los espacios donde nos ofrecían hacerlo no nos llamaban demasiado la atención.

En la segunda cita, habíamos quedado con María, para visitar las diferentes fincas del Grupo Araceli, todas estaban cerca unas de otras y tenían una ubicación ideal. Además, según la información que nos habían enviado el precio entraba dentro de nuestro presupuesto.

Visitamos primero Valquijancho, una finca preciosa, con unas vistas espectaculares y un salón muy acogedor. Salimos encantados pensando que esa podría ser la definitiva.

Después, nos volvimos a montar en el coche y visitamos Etxemendi. Nos enamoró en cuanto la vimos: era una casita de campo, con una entrada increíble y en un entorno espectacular. ¡Había hasta cervatillos sueltos por los alrededores! Cosa que hizo que el Sr. Marido muriese de amor al instante.

El salón lo estaban reformando, por lo que no pudimos hacernos una idea clara de como era. Tenía un hall muy bonito con dos puertas que daban a los baños de hombres y mujeres a la derecha. Pero no fue todo eso lo que nos dejó con la baba colgando, fue el cenador tan increíble que tenía fuera, con el techo iluminado con microluces. Estaba cerrado con cristaleras, por lo que podíamos utilizarlo sin problema y eso era algo que nos daría mucho juego. La verdad es que las fotos que habíamos visto no le hacían justicia.

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Cuando hablamos con la comercial, nos planteó todo, nos resolvió las dudas y además nos dio un precio buenísimo por ser “temporada baja”. El precio nos incluía el cóctel, un primero, un segundo, el postre, la bebida, unas cuatro horas de barra libre y la recena. Para ésta yo tenía una idea rondando que no se me iba de la cabeza. Nos daban dos opciones, y le pregunté si podríamos cambiar alguna de esas opciones que nos ofrecían por un “chocolatito con churros”, que me parecía muy apropiado para la época. No me pusieron ningún problema ni con eso ni con otras muchas cosas.

Salimos de allí con la decisión tomada, lo hablamos y decidimos reservarlo.

¡Ya teníamos finca!

Unos meses más tarde volvimos y nos terminó de enamorar cuando vimos el salón terminado,. Hacía un día precioso, con luz, y pudimos sacar muchísimas más fotos.

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Finalmente, decidimos hacer el cóctel en el cenador, y la cena y barra libre en el salón.

Hoy, una vez pasada la boda, puedo decir que no nos equivocamos con la elección. La gente salió encantada con la comida, el trato fue genial, a las personas alérgicas o intolerantes les hicieron un menú especial, incluso en el cóctel. Además, nos dejaron ir el día de antes a llevar tooooodo lo que habíamos hecho. En resumen, nos lo pusieron muy fácil, cosa que me parece IMPRESCINDIBLE en un día tan importante.

Os dejo un adelanto de las fotos del salón y el cenador el día de la boda. Estas fotos os darán muchas pistas en cuanto a lo que la decoración y la temática de la boda se refiere. Sólo deciros que elegimos el mantel color gris piedra, con vajilla blanca y bajoplatos espejo.

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Ya teníamos la Iglesia y la finca, ¿Qué es lo siguiente que debíamos hacer?

Solo os diré que terminé de las invitaciones hasta “el moño”. Cómo llego hasta ese punto, querid@s, es lo que os contaré en el próximo post.

Muy pronto…

Gracias.

Miss Sara & Co

LA ELECCIÓN DE LA IGLESIA

Hoy os traigo cómo, dónde, por qué y cuándo elegimos la Iglesia.

Una vez elegimos la fecha en la que queríamos casarnos era hora de buscar dónde lo haríamos. En primer lugar tuvimos que decidir si haríamos una ceremonia civil o religiosa. Yo lo tenía claro, el Sr. Marido no tanto…

Yo siempre había querido casarme por la iglesia, él consideraba que era más solemne y bonito casarse por la iglesia pero nada más, no tenía ningún interés especial en ello, y también le parecía que una ceremonia civil en una finca bonita podría ser muy buena opción. No obstante, fue muy generoso, decidió finalmente que si a mi me hacía ilusión nos casaríamos en una ceremonia religiosa. ¡Eso sí!, me puso una condición: él elegiría la iglesia. Y a mi… me  parecía un trato justo.

Al final del post os dejo imágenes de la iglesia el día de la boda.

Hay personas que tienen claro dónde quieren casarse porque, o bien un familiar se casó ahí, o porque es su iglesia de toda la vida o simplemente porque siempre ha sido su sueño. Ese no fue nuestro caso para nada. Yo quería una iglesia bonita, que estuviera cerquita de la finca o viceversa. El Sr. Marido, con eso de que había hecho alguna concesión, era más exigente, quería una iglesia antigua, con historia, grande y gótica.

Queríamos casarnos por la sierra, cerquita de la naturaleza porque nos parecía un paraje que podría ser muy bonito. Buscando y buscando en Google dimos con dos que nos encajaban bastante bien: La Iglesia de Santa María Magdalena en Torrelaguna y la Basílica de la Asunción de Nuestra Señora en Colmenar Viejo. ¿Por qué?, estaban en el entorno que queríamos, en la zona norte de Madrid pero no excesivamente alejadas.

Nos pusimos manos a la obra y concertamos una entrevista en ambas.

Primero fuimos a la Basílica de Colmenar, aparentemente en el mapa estaba más cerca de Madrid y nos habían comentado que era muy bonita. Cuando llegamos allí, la Basílica nos quedamos con la boca abierta, era espectacular e imponente, justo lo que queríamos. Tenía un retablo precioso, un pasillo largo y todas sus entradas/salidas daban a plazas peatonales donde podríamos salir y tirar el famoso arroz sin problemas de coches o espacios reducidos. Además, como era principios de diciembre, estaban montando un Belén increíble en uno de los laterales. Todo lo que vimos nos gusto muchísimo. Al entrar en el Despacho Parroquial, nos encontramos a dos señoras bastante mayores que no tenían mucha idea. Con toda su buena intención nos explicaron todos los documentos que había que entregar, los plazos, “los donativos” que había que dar y las fechas libres. Ahí empezó el problema, el 2 y el 16 de diciembre estaban ya reservados por otros novios y el día 9 lo habían destinado a bautizos según nos comentaron. Nos llevamos una gran desilusión, si queríamos casarnos allí tendría que ser el 25 de noviembre. El Sr. Marido y yo decidimos, en ese mismo momento, que nos casaríamos por la mañana, en esa época anochecía muy pronto y aunque nos casásemos a las cinco de la tarde, a la salida ya sería de noche. Yo quería lo más tarde posible porque me agobiaba el tema de tener que levantarme super pronto justo un día que no sabes cuando va a terminar, por lo que las 13h nos parecía una hora perfecta.

No obstante, como no entendíamos muy bien por qué un año antes reservaban un día “por si había bautizos”, decidimos hablar con la persona que “gestionaba las agendas”, pero su respuesta fue que el 9 estaba reservado para eso  y era algo inamovible y nos fuimos de allí con el día 25 reservado “por si acaso”.

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Una semana más tarde visitamos la Iglesia de Santa María Magdalena en Torrelaguna, es una pasada de iglesia, muy parecida a la de Colmenar y también cumplía la mayoría de los requisitos que queríamos. Hablamos directamente con el Cura, fue muy amable y cercano y nos explicó la historia de su iglesia y todos los pasos a seguir para casarnos allí. Salimos muy contentos, ¡pero había un problema!, tanto los invitados como nosotros teníamos que recorrer 10 km por una carretera secundaria de doble sentido y estaba mucho más alejada de Madrid. Además, por aquel entonces ya habíamos echado un vistazo a las fincas (os lo cuento en el próximo post) y esta iglesia estaba más lejos de las que nos gustaban.

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Una vez vistas las dos opciones nos sentimos un poco desilusionados, por situación nos encajaba más la Basílica de Colmenar, pero no había fecha. En la de Torrelaguna si había la fecha que queríamos pero no nos acababan de encajar las distancias. Ahí es cuando dijimos: “¿Y ahora qué?”

Pues bien, el Sr. Marido, muy decidido, fue el que solucionó todo. Un día, creo recordar que era sábado, nos fuimos a la Basílica de Colmenar, y cuando el cura terminó de dar misa, el Sr. Marido, sin avisar, cuál loco desequilibrado, le persiguió hasta que consiguió hablar con él.  Cabe aclarar, que hasta entonces, sólo habíamos hablado con lo voluntarios del Despacho Parroquial, los cuales nos habían trasladado que hablar con el cura era prácticamente misión imposible.

Mientras ellos hablaban yo me quedé fuera porque no me había dado tiempo ni a reaccionar e ir tras ellos. Cuando salió, el Sr. Marido estaba muy contento. Le contó lo que nos habían dicho de los bautizos, y el cura, muy amable, miró su agenda y al ver que no tenía nada en ella para ese día nos confirmó que no habría problema, ¡Que él nos casaría!.

No nos queríamos hacer demasiadas ilusiones. Todavía nos lo tenían que confirmar desde el Despacho Parroquial.

Estuvimos un mes esperando muy nerviosos, en el que no pudimos hacer ni reservar nada más, llamando casi cada semana. ¡Y por fin llegó la esperada llamada! En ella confirmaron que nos habían anulado la reserva del día 25 de noviembre y nos habían reservado el día 9 de diciembre de 2017.

No sólo teníamos la iglesia, ¡También teníamos el día e incluso la hora!

9 de Diciembre de 2017
Miss Sara & Co | misssaraandco.com

¡Casi nos da algo de la emoción!, la verdad es que después de un mes, con las fiestas de Navidad de por medio, respiramos tranquilos y pudimos empezar con otra de las cosas que nos hacía muchísima ilusión ¡La finca!

Pero eso, querid@s os lo cuento en el próximo post.

Muy pronto…

Como os comentaba, os enseño un adelanto de la iglesia el día de la boda:

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Gracias.

Miss Sara & Co

ELECCIÓN DE FECHA

Cuando decides dar el paso de casarte, a la mayoría de las personas, nos empiezan a asaltar miles de dudas y preguntas.

Creo que la primera pregunta que nos hicimos fue: “¿Cuándo nos casamos?”.

Antes de que me lo pidiera, cuando hablábamos de casarnos, siempre dábamos por hecho que lo haríamos “como todo el mundo”, en una finca, al aire libre, por lo que tendría que ser con buen tiempo, en primavera-verano.

Como ya os conté, me lo pidió en noviembre, por lo que, si hubiésemos querido casarnos en temporada alta de bodas (de mayo a septiembre) podríamos haberlo hecho perfectamente. Quizá mayo hubiera sido muy precipitado, pero hasta agosto/septiembre teníamos tiempo de sobra. No os diré que no se nos pasó por la cabeza en un primer momento, pero la idea se nos fue de la cabeza en un “pis pas”.

Puede que fuera el buen tiempo que hizo ese año a finales de noviembre y principios de diciembre, el margen de un año que ganaríamos para organizarla con tranquilidad o puede que simplemente nos poseyese el “Espíritu de La Navidad” pero lo tuvimos claro. Una tarde de peli y manta, hablábamos de cuanto nos gustaba esa época, la calidez que nos transmitía nuestra casa decorada y lo que significaba para nosotros esas fechas y “se nos encendió la bombilla”. ¡Era un mes perfecto para casarnos!

DICIEMBRE (1)

Los dos estábamos completamente de acuerdo (algo inusual por otra parte en nosotros), mi cumpleaños era el 29 de diciembre, los padres del Sr. Marido se casaron ese mismo mes y nos daba tiempo a preparar, organizar e incluso ¡ahorrar!.

Teníamos claro dos cosas: primero, que no queríamos que se juntara directamente con las fiestas (24, 25, 31, 1 de diciembre); segundo, que la celebraríamos un sábado para que la mayoría de los invitados no tuvieran problema en el trabajo. No obstante, queríamos que todo estuviese ya decorado, que todo el mundo sintiera que ya era Navidad, por lo que las opciones que teníamos eran el 2, el 9 o el 16 de diciembre.

A partir de ahí comenzamos oficialmente con los preparativos.

¿Cuál es la siguiente pregunta que toda pareja que se va a casar se hace?

Muy pronto…
Miss Sara & Co