EL BAUTIZO DE PABLO

Pues sí, como much@s sabéis este fin de semana hemos celebrado el bautizo de Pablo.

Ha sido un día muy bonito aunque muy estresante.

Me habéis pedido que os cuente algunas cosas del bautizo porque algunas mamás estáis preparando el de vuestros peques, así que aquí va un mini post del tema.

En primer lugar, decir que no hubo fotógrafo profesional, un amigo nos iba a hacer las fotos pero se le olvidó la cámara, así que, las fotos que tenemos son todas hechas con el móvil.

En primer lugar, y lo más importante, elegimos la Real Colegiata de San Isidro de Madrid. Por varias razones, pero principalmente porque le bautizaban a él sólo, un sábado y a las seis de la tarde. Estuvimos preguntando en muchísimas iglesias, desde la parroquia de nuestro barrio hasta varias iglesias que nos gustaban del centro, y en la mayoría el bautizo era con más niños y los domingos por la tarde. No me apetecía que fuera un día en el que la gente tuviera que estar nerviosa por irse a su casa o no porque al día siguiente tuviera que trabajar. Por otro lado, si hubiese sido por la mañana no podríamos haber hecho la celebración de después tipo picoteo como lo hicimos. Además de todo esto, la iglesia es preciosa, y el cura que celebró el bautizo, nos lo hizo super ameno y nos puso todas las facilidades del mundo. La verdad, os recomiendo esta iglesia cien por cien.

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El sitio donde lo celebramos es un restaurante que visitamos bastante. Es un sitio normal, pusimos raciones, a modo de picoteo y tipo cóctel. Si no recuerdo mal estaba compuesto por mini hamburguesas, nachos, buñuelos de queso de cabra, croquetas variadas y huevos rotos con jamón. De postre nos pusieron crepes de chocolate y profiteroles con nata.

Las invitaciones las diseñamos nosotros y las enviamos a través de WhatsApp.

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El traje del niño es el que llevó su padre hace justo treinta años, así que no tuve que comerme la cabeza. No ha sido algo planeado ni algo que su padre hubiera pensado antes de que se me ocurriera a mí. Un día, en casa de mis suegros, hablando del bautizo, pregunté si guardaban el faldón del Sr. Marido y me dijeron que sí. Lo sacamos y vimos que estaba perfecto, así que lo llevamos al tinte y la verdad es que le quedaba perfecto y es precioso. Lo que más me gustó del faldón es que era blanco, no blanco roto, ni beige, ni crema, no, era blanco puro.

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Por si os sirve, antes de saber de la existencia de este faldón estuve mirando los de Doña Carmen, que en relación calidad/precio, creo que son los mejores.

La verdad es que le compré unos zapatos y le pedí a una tía que le hiciera unos patucos, pero fui incapaz de ponerle nada en los pies con el calor que hacía. Cuando la ceremonia acabó y empezó la celebración cambié al niño y le puse una ranita blanca de plumeti que compré en las rebajas de Neck & Neck de la que os dejo el enlace aquí. Ahí si le puse los zapatos, que era unos “pepitos” de toda la vida en piel blancos, os dejo también el enlace por aquí.

Nuestra amiga Sandra, nos regaló la mesa de dulces de Cori’s, como ya os he contado en mi instagram. La temática eran los elefantes, y estaba confeccionada en tonos azul, gris y blanco, que sabéis que son los colores que más me gustan para Pablo.

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Además, a ella le encargamos también los detalles para invitados, que más tarde, “customizamos” con una foto que hicimos nosotros y encargamos en modelo retro revelar a Cheerz y una pinza blanca que compramos en un chino cercano y pegamos.

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Por último os dejo una imagen nuestra. Mi vestido era de El Corte Inglés y los zapatos de Marypaz.

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Y sí, ese día por la mañana me corté el pelo, ¡Por fin!, me tiré a la piscina, ¿qué os parece el cambio?

Gracias por vuestras felicitaciones y buenos deseos.

Miss Sara & Co.

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MI PARTO – PRIMERA PARTE

Hace demasiado que no escribo, pero es que, por muy santo que sea mi hijo, sacar tiempo para sentarse delante del ordenador “tranquilamente” es difícil.

Hoy traigo un post muy especial, creo que muchos más que escriba, este siempre será el más especial.

Alguien me dijo que recordaría ese día en bucle durante un tiempo cuando diese a luz, y es cierto. Incluso he recordado detalles de los que no me acordaba semanas después.

En primer lugar os diré que para mí el tiempo pasó muy rápido, no miraba el reloj apenas así que, no os puedo decir con exactitud el tiempo transcurrido exacto ni tampoco la hora en la que pasaba cada cosa.

Pero, no quiero adelantarme, porque este parto “empieza” en la semana 37, cuando empiezan a hacerme monitores y a controlarme el cuello del útero.

En esta primera semana la dinámica como le llaman, o lo que es lo mismo, las contracciones y la frecuencia cardiaca del bebé, era normal. No tenía contracciones apenas y el niño estaba perfecto, por lo que mi gine me planificó el seguimiento para las  cuatro semanas siguientes, ese seguimiento eran los miércoles, monitores por la mañana y consulta con ella por la tarde.

Ese día que acudí a consulta y tras el primer tacto, pasé una noche “toledana”. Empecé con bastantes contracciones y bastante dolorosas durante varias horas. Estuve controlándolas pero no eran regulares y durante la madrugada pararon y caí rendida en la cama.

Yo me frotaba ya las manos pensando que esas contracciones significaban que el momento estaba cerca (nada más lejos de la realidad).

Durante las siguientes semanas llegué a borrar el cuello y dilatar dos centímetros, pero no conseguía pasar de ahí…

El 25 de marzo salía de cuentas, y esa semana, el 27 de marzo, estando de 40+3, acudí a mi seguimiento habitual de los miércoles. Sabía que sí o sí quedaba poquito para ver la cara de mi niño, porque durante esas semanas ya habíamos hablado sobre la posibilidad de provocar el parto si en algún momento el niño sufría o si no conseguía ponerme de parto de manera natural. Por lo que esperaba que me diese un día tope de la semana siguiente para hacerlo. Pero cuando leí el informe de monitores vi que había algo nuevo, era un término médico, pero era algo así como “dinámica activa”. Cuando llegué a la consulta, la Doctora echó un vistazo al monitor que me había hecho por la mañana y me exploró. Cuando terminó sus palabras fueron: “Te voy a hacer una proposición, sigues igual de dilatación, pero estás teniendo contracciones cada vez más regulares aunque no muy fuertes, no estás de parto franco, pero te queda poco. Mañana vamos a estar todo mi equipo y yo en el hospital, te propongo que vengas a las 8 y empezamos a estimularte”

Mi cara era un cuadro, en serio, tonta de mí, aunque sabía que el momento estaba al caer, no me esperaba para nada que estuviera TAN CERCA. Hasta tal punto que también me ofreció la posibilidad de esperar hasta el 1 de abril (lunes y primer día en el que entraba en vigor la paternidad de 8 semanas).

Cuando conseguí reaccionar, me explicó que al no saber al cien por cien cuando me había quedado embarazada, mi fecha probable de parto no era muy fiable y no quería arriesgarse a dejar pasar demasiado tiempo  (os dejo el enlace por si no conoces mi historia). Además con la dinámica que tenía no era “provocar” el parto si no “estimular” ya que no partíamos de cero.

¡Ah, se me olvidaba!, ese día en el tacto, me hizo la maniobra de Hamilton, que para las que no lo sepan, es un método de inducción del parto que consiste en despegar con el dedo las membranas amnióticas de la pared del útero. Por lo que me avisó que independientemente de lo que decidiese podía ponerme de parto en cualquier momento.

Creo que por la cara que pusimos el Sr. Marido y yo entendió que nos habíamos quedado en shock y nos animó a que fuésemos a tomar un café y después le comunicásemos nuestra decisión. Y así lo hicimos, llamamos a nuestros padres, hablamos durante un buen rato, y decidimos hacerlo. Esperaríamos esa noche, y si no nos poníamos de parto, iríamos al hospital para empezar a estimular el parto. Una de las cosas que más nos hizo inclinar la balanza hacia esta decisión, fue el hecho de no saber exactamente cuándo habíamos concebido a nuestro hijo y no tener todos los datos como en un embarazo normal. Nos daba miedo estar de una semana más, aunque es cierto que la Doctora nos comentó que si decidíamos esperar nos vigilaría todos los días (incluso el fin de semana) con monitores para ver el estado del bebé.

Siempre tuve la ilusión de ponerme de parto, romper aguas, contar las contracciones y coger la maleta de madrugada para ir al hospital, etc… (Así me lo había imaginado siempre), pero no queríamos bajo ningún concepto poner en riesgo la salud de nuestro bebé. Y la verdad, es una decisión de la que no me arrepiento.

Nos cogimos de la mano, volvimos a la consulta y le comunicamos lo que habíamos decidido. Esa tarde nos fuimos a lavar el coche, nos hicimos unos espaguetis con tomate y vimos una peli. Aprovechamos nuestro último momentito de dos esperando con impaciencia que pasaran las horas para ser una familia de tres…

Miss Sara & Co

 

 

ESTÁS EMBARAZADA, NO ENFERMA

¿Cuántas veces, las que han estado embarazadas o lo estamos, hemos escuchado esta frase?

Yo, desde luego, muchas. ¡Y eso que todavía voy por mi sexto mes de embarazo!

Desde el minuto uno he tenido que escuchar esto de muchas personas diferentes. Además, casi siempre, estos comentarios suelen venir de mujeres. Porque sí, aunque sea triste, para mi sorpresa, las que más me han cuestionado y menos empáticas se han mostrado conmigo han sido las mujeres de mi entorno.

En mi caso, durante el primer trimestre, físicamente mi embarazo no me limitaba demasiado. Quizá estaba más cansada que de costumbre, las tardes se me ponía mal cuerpo o me daba reflujo y tenía pequeños dolorcillos de regla, como ya sabéis, para mí lo peor fue la parte psicológica en esta etapa.

Eso sí, dile tú a una señora, con vómitos desde que se levanta hasta que se acuesta o con mareos constantes o con bajadas de tensión brutales hasta el desmayo o con un popurrí de éstos y otros síntomas que está embarazada, no enferma.

Pero es que no es necesario ni que te quejes ni que tengas ningún síntoma, simplemente hay gente que te lo recuerda por “si se te olvida”, sin ningún motivo aparente.

Luego llega el segundo trimestre, el mejor según “el manual de la perfecta embarazada”, y ahí si que no tienes derecho alguno de quejarte por nada. Porque todavía la tripa no te pesa, porque “ya se han pasado las náuseas y mareos” y porque en este trimestre tienes que ser la mujer más feliz del mundo. Pues bien, en este caso, si puedo hablar en primera persona. Efectivamente, en la semana 11 los síntomas que tuve desaparecieron, y desde ahí hasta la semana 21/22 todo fue estupendo y maravilloso, sinceramente pensaba que iba a ser un embarazo perfecto.

El problema llega cuando aparece en tu vida unos dolores muy fuertes en la parte media de la espalda desde que te levantas hasta que te acuestas, cuando llegas a casa llorando por no soportarlo más, cuando ese dolor va bajando poco a poco hasta la pierna y un día cuando te levantas del sillón te das cuenta que no puedes andar y es tu marido el que te tiene que llevar a la cama en volandas. El problema llega cuando te diagnostican una lumbalgia y posteriormente una ciática. ¿Pero sabes cuál es el verdadero problema? Cuando “gente”, de tu entorno te dice: “Hija, estás en la semana 23, si ya te empieza a doler la espalda…” o “¿Es muy pronto para que tengas ciática no?”.

A parte de fuera de lugar, para mí, son comentarios cargados de mala leche que cuestionan, innecesariamente, lo que te pasa.

Pero, ¿y en el tercer trimestre?. Yo de este aún no puedo hablar, aunque viendo el tamaño de mi tripa actual y como estoy me puedo imaginar lo que me espera. En este trimestre normalmente te coges la baja, ya sea a la semana 28 o a la 38. Como opinión personal, tengo que decir que cada mujer lleva su embarazo de una manera distinta. No creo que existan dos embarazos iguales, incluso de una misma mujer, por lo que cada una deberíamos decidir hasta cuando, cómo y en qué condiciones trabajar. Con lo que no puedo, es con esos comentarios de “super mujeres” con el único fin de compararse contigo y hacerte sentir que eres una floja del tipo: “Yo aguanté hasta el último día, un poco más y lo tengo en el trabajo”, “¿Te vas a dar de baja ya?, pues yo iba a trabajar aunque fuese a rastras” o “¿Para qué te vas a coger la baja si tu trabajo es de oficina?”.

Y que conste que no digo que un embarazo no pueda ser maravilloso, ni que estar embarazada signifique estar enferma, para nada. Lo que digo, es que un embarazo es un proceso físico y psicológico, muy heavy por cierto, por el que pasa una mujer para traer un bebé al mundo.

Hay mujeres que lo llevan mejor, mujeres que lo llevan peor, mujeres que ni se enteran de su embarazo y mujeres que se pasan los nueve meses padeciendo. Cada cuerpo, responde de una manera y debemos respetarlo y no juzgar. Sobre todo, tenemos que evitar hacer ese tipo de juicios de valor que tanto nos gustan. Para esto no existe un manual, un libro o una fórmula exacta que te diga qué va a pasar en cada día o semana de tu embarazo, y quizás por eso es tan bonito y tan duro el embarazo.

¿Cuándo he utilizado yo esta frase?

Porque sí, yo también la he utilizado y seguro que muchas de vosotras también.

¿Quién no ha tenido esos momentos protagonizados por un/una padre, madre, marido, suegra, hermano, amigo, etc., en los que no te deja ni respirar? Te mira si el café es descafeinado, repentinamente te levanta las piernas para que no se te hinchen, te pone el cojín detrás de la espalda, te trae una botella de agua porque consideran que no estás lo suficientemente hidratada y te tapa hasta la boca por si tienes frío, para que no te cojas un resfriado.

O esos comentarios del tipo: “Ay hija no te agaches que estás embarazada” o “Cariño no cojas esa bolsa (que pesa unos 250gr) a ver si te vas a hacer daño”.

Yo la verdad es que me parto, porque intuyo que esto pasa porque es el primero y que con el segundo lo echaré de menos, pero muchas veces me ha salido la frase: “Mamá por Dios, déjame vivir que no estoy enferma, estoy embarazada”.

Porque por supuesto, y por suerte, no estamos enfermas, estamos embarazadas y no necesitamos que nadie nos lo recuerde porque ¡LO SABEMOS!

Miss Sara & Co.

P.D.: Gracias por estar siempre ahí, por hacer que escribir este blog tenga sentido y por hacérmelo saber.

 

MI EMBARAZO: Primer Trimestre

Terminé mi anterior post diciendo que en el momento en el que me enteré de que estaba embarazada aún no lo sabía, pero que me me esperaban, quizás los peores meses de mi vida. Pues bien, creo que así fue.

Tras los cuatro o cinco primeros días en lo cuales estuvimos como en una nube, empezó a aparecer en mi mente la duda y el miedo…

Una semana y media después de enterarme decidí ir a urgencias, la incertidumbre me estaba matando y necesitaba saber que todo iba bien. Pues bien, las noticias no fueron de lo más tranquilizadoras. Al hacerme la eco vieron un pequeño saco, pero estaba vacío. Le pregunté al doctor cuánto medía y me dio unas medidas superiores a las que tuve incluso estando de siete semanas en mi anterior embarazo, y entonces dirigiéndome hacia el Sr. Marido comenté: “Qué bien, ya mide más de lo que medía la bolsa en el anterior embarazo estando de siete semanas”. Entonces, el doctor, en un comentario tan innecesario como real me contestó: “Bueno, sé objetiva, esto no significa nada”.

En fin, salí de allí hecha polvo con la recomendación de que pidiera cita para diez días después. El Sr. Marido no hacia más que decirme que no eran malas noticias, que todo estaba bien. Yo solo podía pensar en que no iba a tener fuerzas para pasar otra vez por lo mismo. Esos diez días os podéis imaginar lo largos que se hicieron… Pero para ponerme las cosas un poquito más “fáciles” durante ese tiempo manché, nada significativo que me hiciera ir a urgencias, pero manché. Lo daba ya todo por perdido y me resigné a ello la verdad, estaba esperando el momento en que aquello fuera a más para confirmarlo. Gracias a Dios no pasó…

Como era agosto, mi gine estaba de vacaciones, por lo que tuve que pedir cita con otro ginecólogo del hospital del que no tenía referencias. Al fin llegó el día y los nervios me comían, allí conmigo estaban mis padres y el Sr. Marido, y en el último momento llegaron unos amigos, eso hizo que consiguiera distraerme un poquito, aunque aún así la espera se me hizo eterna. Después de todo estaba “preparada” para que me dijesen cualquier cosa. Al fin mi turno, las piernas me temblaban y creía que me iba a desmayar (y no estoy exagerando). Como estaría, que el Sr. Marido tuvo que decirle al médico que me disculpara, que él le contaría todo porque yo estaba tan nerviosa que no atinaba ni a hablar… El médico empatizó totalmente conmigo y me trató con mucho cariño. Cuando me empezó a hacer la eco yo no podía ni mirar la pantalla, me tapé la cara en un acto total de cobardía. Y de pronto escuché las palabras mágicas: “Enhorabuena, está embarazada y está todo bien”. Entonces miré, y lo vi, mi #littlerainbow estaba ahí. Mi siguiente pregunta fue: “¿Le late el corazón?”. Sí, le latía, lo escuché y me emocioné.

Pero no, el miedo y la angustia no desapareció después de aquello. Ahora se había multiplicado si cabe. Las siguientes semanas fueron de lo más angustiosas, y no puedo explicar por qué mi mente se empeñaba en no dejarme disfrutar, pero lo hacía. Tres semanas después volví a tener una consulta con mi ginecóloga, todo seguía perfecto, eso me tranquilizó un poquito, pero por poco tiempo. Cuando hablaba del bebé, no podía quitarme de la boca el “…si todo va bien…”, “…si no pasa nada…”

Curiosamente, para mi tener síntomas como náuseas, ardores y cansancio era una alegría inmensa. Significaba que, seguramente, todo iba bien.

Estuve dos semanas en la playa de vacaciones y eso me “salvó” un poco. Estaba distraída y acompañada, y de esa manera conseguí controlar un poco la angustia. Creo que nunca en mi vida he pasado tanto miedo. Estaba alerta siempre, incluso me decía a mi misma que tenía que hacerme a la idea de que iba a perder el bebé por si volvía a pasar.

A esto se le sumó, una vez más, la incomprensión de la gente de mi entorno. Nadie entendía por qué pensaba esas cosas, nadie entendía por qué estaba tan negativa o por qué estaba triste. Las frases de “Tienes que disfrutar el embarazo…”, “No tienes motivos para estar triste…”, “No puedes ser tan negativa…”, me rechinan todavía… Ya sé que tengo que disfrutar del embarazo y que no tenía motivos para estar triste, a NADIE le hubiese gustado más que a MI poder estar tranquila como cualquier otra mujer esos meses. ¿De verdad es tan difícil de entender? ¿De verdad no podemos ponernos en el lugar del otro?

Me hago cargo que es complicado entender lo que supone un aborto a nivel emocional o psicológico. Pero, ¿de verdad es tan difícil de entender que cuando pasas por una situación como esta y te vuelves a quedar embarazada es inevitable sentir miedo y angustia? Lo único que consiguen este tipo de comentarios, o al menos en mi caso, es que no verbalizase todo lo que sentía por miedo a tener que escucharlos otra vez. Y sinceramente, creo que eso tampoco ayuda.

La pregunta es: “¿Cuándo desaparecen esos sentimientos?”

La respuesta es difícil porque cada mujer necesita sus tiempos, creo que un embarazo de por sí, ya genera preocupación en algunas etapas. Ahora, embarazada de 15 semanas, estoy empezando a distinguir lo que es la preocupación normal de cualquier mujer que está embarazada y lo que he sentido yo durante estos meses.

Ahora estoy disfrutando mucho más del embarazo, en la eco de los tres meses, cuando le vi por primera vez con la formita de un bebé, me di cuenta que no había pensado en él como tal, estaba más preocupada preparándome para lo peor. Ni siquiera le había hablado, no había sido consciente de nada. Me sentí muy culpable. Estaba demasiado concentrada pensando en el embarazo como un estado y no había pensado ni un minuto en mi bebé.

Y justo en ese momento en que ves a tu bebé moviendo sus brazos y piernas, escuchas de nuevo su corazón latir con más fuerza y distingues sus ojitos, su naricita y su boquita, te das cuenta que todo ha merecido la pena.

A raíz del post de mi aborto, muchas chicas se han puesto en contacto conmigo para contarme sus experiencias. Tanto mujeres que han perdido su bebé y se encuentran de nuevo en la búsqueda de un embarazo, como mujeres que ya tienen a su bebé arcoiris y han pasado por la experiencia de vivir un embarazo tras un aborto. Os quiero dar las gracias a todas, porque ahora sé que hice bien en escribirlo, que hablar de esto puede ayudar a muchas mujeres y que saber que otra persona ha pasado o está pasando por lo mismo que tú proporciona algo de consuelo.

Para terminar, os enseño la evolución de la tripita durante estos meses

Gracias de nuevo a todos…

Miss Sara & Co

 

 

¡Estoy embarazada!

Much@s son las preguntas que me habéis planteado desde que anuncié en las RRSS que estoy embarazada.

“¿Cuánto has tardado en quedarte otra vez embarazada?”

“¿Cómo te enteraste?”

“¿Qué pensaste cuando te enteraste?”

Etc…

Pues bien, os voy a contar como fue todo…

Después del aborto, como creo que les pasa a muchas mujeres, no quería ni volver a oír hablar de otro posible embarazo. Me daba pánico, literalmente.

Después de su periodo correspondiente, los médicos me dieron “el alta” y me comentaron que a partir de ese momento “poníamos de nuevo el contador a cero” en lo que a la parte física se refería, pero que por el tema psicológico yo decidiría cuando volver a intentarlo.  Según la doctora me decía eso yo pensaba “pues entonces me da que no voy a volver en mucho tiempo”. Nada más lejos de la realidad… porque como se suele decir “no se puede escupir pa’ arriba”.

En fin, que pasado unas semanas, en el trabajo, empecé a notarme rara. Sueño, hinchazón, sensibilidad en el pecho… Os aseguro que JAMÁS DE LOS JAMASES pensé que estaba embarazada. Pasaba un día, y otro y otro… y yo super tranquila seguía con mi vida, ni siquiera estaba pendiente del calendario… Para que veáis hasta qué punto estaba convencida, pedí en Amazon unos test de ovulación para saber si tras el aborto se me había regulado bien el ciclo, casualmente era el típico pack que venía con unos cinco test de embarazo. Si alguna vez se me pasaba por la cabeza pensaba: “No lo hemos buscado, hay una posibilidad entre 5500 millones”. (¡Qué ilusa!)

Un día, por la mañana, en el trabajo, empecé a darle vueltas a la cabeza… ¿Sabéis ese momento en el que se te enciende de repente la bombilla y empiezas a verlo todo con más claridad?, pues algo así me pasó a mi… ¿Sería posible?. Sólo había una manera de saberlo. Tenía test en casa y lo mejor era hacerme uno y salir de dudas. Pasé una mañanita toledana dándole vueltas a la cabeza. Justo ese día había quedado con mi padre para comer en su casa y me pasaba a buscar. No podría hacerme el test hasta por la tarde y estaba ya demasiado impaciente. Así que según íbamos de camino le pedí que por favor parase en mi casa un segundo, tenía algo que coger. (MENTIRA).

Él se quedó en el coche esperando y yo subí. Me lo hice… y a los 10 segundos vi que asomaba la segunda rayita rosa… El corazón me iba a mil, cada vez que miraba la rayita estaba más marcada. ¡Oh Dios mío!, ¡No podía ser!.

Pero sí, sí era, #littlerainbow🌈 ya estaba en nuestras vidas.

Imaginad el ejercicio de contención que tuve que hacer para que al bajar no se me notase ni la emoción, ni el temblor de mis manos, ni la felicidad que tenía en el cuerpo en ese momento.

Escribí un WhatsApp al #SrMarido de cual me arrepentí al segundo (suerte que ahora se pueden borrar antes de que los lean). Decidí que esperaría y se lo diría por la tarde cuando llegase a casa. Esa tarde se me hizo eterna, no pude ni echarme la siesta, estaba alucinando. Creo que me pasé media tarde, en la cama de mis padres, mirando al techo, sonriendo como una boba.

Cuando llegó la hora de irme a casa, hablé con el #SrMarido y quedamos en vernos en la puerta de nuestra urbanización para subir juntos. Cuando le saqué el test y se lo enseñé… flipó… literalmente. Nos fuimos a comprar y la cara que llevábamos debía ser de “atontolinados” total.

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Prueba gráfica de nuestra cara ese día

Al día siguiente decidí hacerme otro test y el Clear Blue y todo salió positivo de nuevo. Estaba confirmado, “¿Y ahora qué?”. En ese momento no lo sabía pero lo que me esperaban eran, quizás, los meses más duros de mi vida…

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Test

Gracias.

Miss Sara & Co.