MI EMBARAZO: Primer Trimestre

Terminé mi anterior post diciendo que en el momento en el que me enteré de que estaba embarazada aún no lo sabía, pero que me me esperaban, quizás los peores meses de mi vida. Pues bien, creo que así fue.

Tras los cuatro o cinco primeros días en lo cuales estuvimos como en una nube, empezó a aparecer en mi mente la duda y el miedo…

Una semana y media después de enterarme decidí ir a urgencias, la incertidumbre me estaba matando y necesitaba saber que todo iba bien. Pues bien, las noticias no fueron de lo más tranquilizadoras. Al hacerme la eco vieron un pequeño saco, pero estaba vacío. Le pregunté al doctor cuánto medía y me dio unas medidas superiores a las que tuve incluso estando de siete semanas en mi anterior embarazo, y entonces dirigiéndome hacia el Sr. Marido comenté: “Qué bien, ya mide más de lo que medía la bolsa en el anterior embarazo estando de siete semanas”. Entonces, el doctor, en un comentario tan innecesario como real me contestó: “Bueno, sé objetiva, esto no significa nada”.

En fin, salí de allí hecha polvo con la recomendación de que pidiera cita para diez días después. El Sr. Marido no hacia más que decirme que no eran malas noticias, que todo estaba bien. Yo solo podía pensar en que no iba a tener fuerzas para pasar otra vez por lo mismo. Esos diez días os podéis imaginar lo largos que se hicieron… Pero para ponerme las cosas un poquito más “fáciles” durante ese tiempo manché, nada significativo que me hiciera ir a urgencias, pero manché. Lo daba ya todo por perdido y me resigné a ello la verdad, estaba esperando el momento en que aquello fuera a más para confirmarlo. Gracias a Dios no pasó…

Como era agosto, mi gine estaba de vacaciones, por lo que tuve que pedir cita con otro ginecólogo del hospital del que no tenía referencias. Al fin llegó el día y los nervios me comían, allí conmigo estaban mis padres y el Sr. Marido, y en el último momento llegaron unos amigos, eso hizo que consiguiera distraerme un poquito, aunque aún así la espera se me hizo eterna. Después de todo estaba “preparada” para que me dijesen cualquier cosa. Al fin mi turno, las piernas me temblaban y creía que me iba a desmayar (y no estoy exagerando). Como estaría, que el Sr. Marido tuvo que decirle al médico que me disculpara, que él le contaría todo porque yo estaba tan nerviosa que no atinaba ni a hablar… El médico empatizó totalmente conmigo y me trató con mucho cariño. Cuando me empezó a hacer la eco yo no podía ni mirar la pantalla, me tapé la cara en un acto total de cobardía. Y de pronto escuché las palabras mágicas: “Enhorabuena, está embarazada y está todo bien”. Entonces miré, y lo vi, mi #littlerainbow estaba ahí. Mi siguiente pregunta fue: “¿Le late el corazón?”. Sí, le latía, lo escuché y me emocioné.

Pero no, el miedo y la angustia no desapareció después de aquello. Ahora se había multiplicado si cabe. Las siguientes semanas fueron de lo más angustiosas, y no puedo explicar por qué mi mente se empeñaba en no dejarme disfrutar, pero lo hacía. Tres semanas después volví a tener una consulta con mi ginecóloga, todo seguía perfecto, eso me tranquilizó un poquito, pero por poco tiempo. Cuando hablaba del bebé, no podía quitarme de la boca el “…si todo va bien…”, “…si no pasa nada…”

Curiosamente, para mi tener síntomas como náuseas, ardores y cansancio era una alegría inmensa. Significaba que, seguramente, todo iba bien.

Estuve dos semanas en la playa de vacaciones y eso me “salvó” un poco. Estaba distraída y acompañada, y de esa manera conseguí controlar un poco la angustia. Creo que nunca en mi vida he pasado tanto miedo. Estaba alerta siempre, incluso me decía a mi misma que tenía que hacerme a la idea de que iba a perder el bebé por si volvía a pasar.

A esto se le sumó, una vez más, la incomprensión de la gente de mi entorno. Nadie entendía por qué pensaba esas cosas, nadie entendía por qué estaba tan negativa o por qué estaba triste. Las frases de “Tienes que disfrutar el embarazo…”, “No tienes motivos para estar triste…”, “No puedes ser tan negativa…”, me rechinan todavía… Ya sé que tengo que disfrutar del embarazo y que no tenía motivos para estar triste, a NADIE le hubiese gustado más que a MI poder estar tranquila como cualquier otra mujer esos meses. ¿De verdad es tan difícil de entender? ¿De verdad no podemos ponernos en el lugar del otro?

Me hago cargo que es complicado entender lo que supone un aborto a nivel emocional o psicológico. Pero, ¿de verdad es tan difícil de entender que cuando pasas por una situación como esta y te vuelves a quedar embarazada es inevitable sentir miedo y angustia? Lo único que consiguen este tipo de comentarios, o al menos en mi caso, es que no verbalizase todo lo que sentía por miedo a tener que escucharlos otra vez. Y sinceramente, creo que eso tampoco ayuda.

La pregunta es: “¿Cuándo desaparecen esos sentimientos?”

La respuesta es difícil porque cada mujer necesita sus tiempos, creo que un embarazo de por sí, ya genera preocupación en algunas etapas. Ahora, embarazada de 15 semanas, estoy empezando a distinguir lo que es la preocupación normal de cualquier mujer que está embarazada y lo que he sentido yo durante estos meses.

Ahora estoy disfrutando mucho más del embarazo, en la eco de los tres meses, cuando le vi por primera vez con la formita de un bebé, me di cuenta que no había pensado en él como tal, estaba más preocupada preparándome para lo peor. Ni siquiera le había hablado, no había sido consciente de nada. Me sentí muy culpable. Estaba demasiado concentrada pensando en el embarazo como un estado y no había pensado ni un minuto en mi bebé.

Y justo en ese momento en que ves a tu bebé moviendo sus brazos y piernas, escuchas de nuevo su corazón latir con más fuerza y distingues sus ojitos, su naricita y su boquita, te das cuenta que todo ha merecido la pena.

A raíz del post de mi aborto, muchas chicas se han puesto en contacto conmigo para contarme sus experiencias. Tanto mujeres que han perdido su bebé y se encuentran de nuevo en la búsqueda de un embarazo, como mujeres que ya tienen a su bebé arcoiris y han pasado por la experiencia de vivir un embarazo tras un aborto. Os quiero dar las gracias a todas, porque ahora sé que hice bien en escribirlo, que hablar de esto puede ayudar a muchas mujeres y que saber que otra persona ha pasado o está pasando por lo mismo que tú proporciona algo de consuelo.

Para terminar, os enseño la evolución de la tripita durante estos meses

Gracias de nuevo a todos…

Miss Sara & Co

 

 

¡Estoy embarazada!

Much@s son las preguntas que me habéis planteado desde que anuncié en las RRSS que estoy embarazada.

“¿Cuánto has tardado en quedarte otra vez embarazada?”

“¿Cómo te enteraste?”

“¿Qué pensaste cuando te enteraste?”

Etc…

Pues bien, os voy a contar como fue todo…

Después del aborto, como creo que les pasa a muchas mujeres, no quería ni volver a oír hablar de otro posible embarazo. Me daba pánico, literalmente.

Después de su periodo correspondiente, los médicos me dieron “el alta” y me comentaron que a partir de ese momento “poníamos de nuevo el contador a cero” en lo que a la parte física se refería, pero que por el tema psicológico yo decidiría cuando volver a intentarlo.  Según la doctora me decía eso yo pensaba “pues entonces me da que no voy a volver en mucho tiempo”. Nada más lejos de la realidad… porque como se suele decir “no se puede escupir pa’ arriba”.

En fin, que pasado unas semanas, en el trabajo, empecé a notarme rara. Sueño, hinchazón, sensibilidad en el pecho… Os aseguro que JAMÁS DE LOS JAMASES pensé que estaba embarazada. Pasaba un día, y otro y otro… y yo super tranquila seguía con mi vida, ni siquiera estaba pendiente del calendario… Para que veáis hasta qué punto estaba convencida, pedí en Amazon unos test de ovulación para saber si tras el aborto se me había regulado bien el ciclo, casualmente era el típico pack que venía con unos cinco test de embarazo. Si alguna vez se me pasaba por la cabeza pensaba: “No lo hemos buscado, hay una posibilidad entre 5500 millones”. (¡Qué ilusa!)

Un día, por la mañana, en el trabajo, empecé a darle vueltas a la cabeza… ¿Sabéis ese momento en el que se te enciende de repente la bombilla y empiezas a verlo todo con más claridad?, pues algo así me pasó a mi… ¿Sería posible?. Sólo había una manera de saberlo. Tenía test en casa y lo mejor era hacerme uno y salir de dudas. Pasé una mañanita toledana dándole vueltas a la cabeza. Justo ese día había quedado con mi padre para comer en su casa y me pasaba a buscar. No podría hacerme el test hasta por la tarde y estaba ya demasiado impaciente. Así que según íbamos de camino le pedí que por favor parase en mi casa un segundo, tenía algo que coger. (MENTIRA).

Él se quedó en el coche esperando y yo subí. Me lo hice… y a los 10 segundos vi que asomaba la segunda rayita rosa… El corazón me iba a mil, cada vez que miraba la rayita estaba más marcada. ¡Oh Dios mío!, ¡No podía ser!.

Pero sí, sí era, #littlerainbow🌈 ya estaba en nuestras vidas.

Imaginad el ejercicio de contención que tuve que hacer para que al bajar no se me notase ni la emoción, ni el temblor de mis manos, ni la felicidad que tenía en el cuerpo en ese momento.

Escribí un WhatsApp al #SrMarido de cual me arrepentí al segundo (suerte que ahora se pueden borrar antes de que los lean). Decidí que esperaría y se lo diría por la tarde cuando llegase a casa. Esa tarde se me hizo eterna, no pude ni echarme la siesta, estaba alucinando. Creo que me pasé media tarde, en la cama de mis padres, mirando al techo, sonriendo como una boba.

Cuando llegó la hora de irme a casa, hablé con el #SrMarido y quedamos en vernos en la puerta de nuestra urbanización para subir juntos. Cuando le saqué el test y se lo enseñé… flipó… literalmente. Nos fuimos a comprar y la cara que llevábamos debía ser de “atontolinados” total.

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Prueba gráfica de nuestra cara ese día

Al día siguiente decidí hacerme otro test y el Clear Blue y todo salió positivo de nuevo. Estaba confirmado, “¿Y ahora qué?”. En ese momento no lo sabía pero lo que me esperaban eran, quizás, los meses más duros de mi vida…

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Test

Gracias.

Miss Sara & Co.