LA ELECCIÓN DE LA FINCA

En el último post ya os adelantaba que en éste os hablaría de la finca.

Para mi, una de las elecciones más importantes es dónde celebrarás la boda. Ya sea restaurante, hotel, finca o barbacoa en el campo, al final, pasaréis tanto los novios como los invitados el 80% de lo que dura la boda allí, así que, es recomendable hacer la mejor elección posible. Aunque, en estas cosas, a no ser que tengas alguna referencia (y aún así…) nunca se sabe.

Como os comenté, teníamos claro la zona y el entorno en el que queríamos hacerlo todo. Estuvimos tanto el Sr. Marido como yo bastante tiempo metidos en Bodas.net buscando y buscando. Teníamos algunos imprescindibles: queríamos que fuese una finca, algo rústica, con cocina propia y donde tuviéramos el espacio entero para nosotros y no tuviéramos que compartir con otras bodas. Al ser una boda de invierno, estábamos más limitados, sabíamos que no podíamos hacer nada al aire libre.

Una vez que vimos toda la información que nos habían enviado, pedimos una cita en tres o cuatros sitios. En dos de ellos nos citaron esa misma semana, el sábado. A las diez de la mañana visitaríamos uno y a las doce el otro.

Cuando nos despertamos ese día llovía sin parar, a mares. Pensábamos que viendo así los sitios no nos gustaría ninguno. Pero no, eso no pasó. El primer sitio al que fuimos era muy bonito pero estaba mucho más lejos de la Iglesia y el menú era algo más caro. Además, los espacios donde nos ofrecían hacerlo no nos llamaban demasiado la atención.

En la segunda cita, habíamos quedado con María, para visitar las diferentes fincas del Grupo Araceli, todas estaban cerca unas de otras y tenían una ubicación ideal. Además, según la información que nos habían enviado el precio entraba dentro de nuestro presupuesto.

Visitamos primero Valquijancho, una finca preciosa, con unas vistas espectaculares y un salón muy acogedor. Salimos encantados pensando que esa podría ser la definitiva.

Después, nos volvimos a montar en el coche y visitamos Etxemendi. Nos enamoró en cuanto la vimos: era una casita de campo, con una entrada increíble y en un entorno espectacular. ¡Había hasta cervatillos sueltos por los alrededores! Cosa que hizo que el Sr. Marido muriese de amor al instante.

El salón lo estaban reformando, por lo que no pudimos hacernos una idea clara de como era. Tenía un hall muy bonito con dos puertas que daban a los baños de hombres y mujeres a la derecha. Pero no fue todo eso lo que nos dejó con la baba colgando, fue el cenador tan increíble que tenía fuera, con el techo iluminado con microluces. Estaba cerrado con cristaleras, por lo que podíamos utilizarlo sin problema y eso era algo que nos daría mucho juego. La verdad es que las fotos que habíamos visto no le hacían justicia.

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Cuando hablamos con la comercial, nos planteó todo, nos resolvió las dudas y además nos dio un precio buenísimo por ser “temporada baja”. El precio nos incluía el cóctel, un primero, un segundo, el postre, la bebida, unas cuatro horas de barra libre y la recena. Para ésta yo tenía una idea rondando que no se me iba de la cabeza. Nos daban dos opciones, y le pregunté si podríamos cambiar alguna de esas opciones que nos ofrecían por un “chocolatito con churros”, que me parecía muy apropiado para la época. No me pusieron ningún problema ni con eso ni con otras muchas cosas.

Salimos de allí con la decisión tomada, lo hablamos y decidimos reservarlo.

¡Ya teníamos finca!

Unos meses más tarde volvimos y nos terminó de enamorar cuando vimos el salón terminado,. Hacía un día precioso, con luz, y pudimos sacar muchísimas más fotos.

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Finalmente, decidimos hacer el cóctel en el cenador, y la cena y barra libre en el salón.

Hoy, una vez pasada la boda, puedo decir que no nos equivocamos con la elección. La gente salió encantada con la comida, el trato fue genial, a las personas alérgicas o intolerantes les hicieron un menú especial, incluso en el cóctel. Además, nos dejaron ir el día de antes a llevar tooooodo lo que habíamos hecho. En resumen, nos lo pusieron muy fácil, cosa que me parece IMPRESCINDIBLE en un día tan importante.

Os dejo un adelanto de las fotos del salón y el cenador el día de la boda. Estas fotos os darán muchas pistas en cuanto a lo que la decoración y la temática de la boda se refiere. Sólo deciros que elegimos el mantel color gris piedra, con vajilla blanca y bajoplatos espejo.

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Ya teníamos la Iglesia y la finca, ¿Qué es lo siguiente que debíamos hacer?

Solo os diré que terminé de las invitaciones hasta “el moño”. Cómo llego hasta ese punto, querid@s, es lo que os contaré en el próximo post.

Muy pronto…

Gracias.

Miss Sara & Co

LA ELECCIÓN DE LA IGLESIA

Hoy os traigo cómo, dónde, por qué y cuándo elegimos la Iglesia.

Una vez elegimos la fecha en la que queríamos casarnos era hora de buscar dónde lo haríamos. En primer lugar tuvimos que decidir si haríamos una ceremonia civil o religiosa. Yo lo tenía claro, el Sr. Marido no tanto…

Yo siempre había querido casarme por la iglesia, él consideraba que era más solemne y bonito casarse por la iglesia pero nada más, no tenía ningún interés especial en ello, y también le parecía que una ceremonia civil en una finca bonita podría ser muy buena opción. No obstante, fue muy generoso, decidió finalmente que si a mi me hacía ilusión nos casaríamos en una ceremonia religiosa. ¡Eso sí!, me puso una condición: él elegiría la iglesia. Y a mi… me  parecía un trato justo.

Al final del post os dejo imágenes de la iglesia el día de la boda.

Hay personas que tienen claro dónde quieren casarse porque, o bien un familiar se casó ahí, o porque es su iglesia de toda la vida o simplemente porque siempre ha sido su sueño. Ese no fue nuestro caso para nada. Yo quería una iglesia bonita, que estuviera cerquita de la finca o viceversa. El Sr. Marido, con eso de que había hecho alguna concesión, era más exigente, quería una iglesia antigua, con historia, grande y gótica.

Queríamos casarnos por la sierra, cerquita de la naturaleza porque nos parecía un paraje que podría ser muy bonito. Buscando y buscando en Google dimos con dos que nos encajaban bastante bien: La Iglesia de Santa María Magdalena en Torrelaguna y la Basílica de la Asunción de Nuestra Señora en Colmenar Viejo. ¿Por qué?, estaban en el entorno que queríamos, en la zona norte de Madrid pero no excesivamente alejadas.

Nos pusimos manos a la obra y concertamos una entrevista en ambas.

Primero fuimos a la Basílica de Colmenar, aparentemente en el mapa estaba más cerca de Madrid y nos habían comentado que era muy bonita. Cuando llegamos allí, la Basílica nos quedamos con la boca abierta, era espectacular e imponente, justo lo que queríamos. Tenía un retablo precioso, un pasillo largo y todas sus entradas/salidas daban a plazas peatonales donde podríamos salir y tirar el famoso arroz sin problemas de coches o espacios reducidos. Además, como era principios de diciembre, estaban montando un Belén increíble en uno de los laterales. Todo lo que vimos nos gusto muchísimo. Al entrar en el Despacho Parroquial, nos encontramos a dos señoras bastante mayores que no tenían mucha idea. Con toda su buena intención nos explicaron todos los documentos que había que entregar, los plazos, “los donativos” que había que dar y las fechas libres. Ahí empezó el problema, el 2 y el 16 de diciembre estaban ya reservados por otros novios y el día 9 lo habían destinado a bautizos según nos comentaron. Nos llevamos una gran desilusión, si queríamos casarnos allí tendría que ser el 25 de noviembre. El Sr. Marido y yo decidimos, en ese mismo momento, que nos casaríamos por la mañana, en esa época anochecía muy pronto y aunque nos casásemos a las cinco de la tarde, a la salida ya sería de noche. Yo quería lo más tarde posible porque me agobiaba el tema de tener que levantarme super pronto justo un día que no sabes cuando va a terminar, por lo que las 13h nos parecía una hora perfecta.

No obstante, como no entendíamos muy bien por qué un año antes reservaban un día “por si había bautizos”, decidimos hablar con la persona que “gestionaba las agendas”, pero su respuesta fue que el 9 estaba reservado para eso  y era algo inamovible y nos fuimos de allí con el día 25 reservado “por si acaso”.

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Una semana más tarde visitamos la Iglesia de Santa María Magdalena en Torrelaguna, es una pasada de iglesia, muy parecida a la de Colmenar y también cumplía la mayoría de los requisitos que queríamos. Hablamos directamente con el Cura, fue muy amable y cercano y nos explicó la historia de su iglesia y todos los pasos a seguir para casarnos allí. Salimos muy contentos, ¡pero había un problema!, tanto los invitados como nosotros teníamos que recorrer 10 km por una carretera secundaria de doble sentido y estaba mucho más alejada de Madrid. Además, por aquel entonces ya habíamos echado un vistazo a las fincas (os lo cuento en el próximo post) y esta iglesia estaba más lejos de las que nos gustaban.

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Una vez vistas las dos opciones nos sentimos un poco desilusionados, por situación nos encajaba más la Basílica de Colmenar, pero no había fecha. En la de Torrelaguna si había la fecha que queríamos pero no nos acababan de encajar las distancias. Ahí es cuando dijimos: “¿Y ahora qué?”

Pues bien, el Sr. Marido, muy decidido, fue el que solucionó todo. Un día, creo recordar que era sábado, nos fuimos a la Basílica de Colmenar, y cuando el cura terminó de dar misa, el Sr. Marido, sin avisar, cuál loco desequilibrado, le persiguió hasta que consiguió hablar con él.  Cabe aclarar, que hasta entonces, sólo habíamos hablado con lo voluntarios del Despacho Parroquial, los cuales nos habían trasladado que hablar con el cura era prácticamente misión imposible.

Mientras ellos hablaban yo me quedé fuera porque no me había dado tiempo ni a reaccionar e ir tras ellos. Cuando salió, el Sr. Marido estaba muy contento. Le contó lo que nos habían dicho de los bautizos, y el cura, muy amable, miró su agenda y al ver que no tenía nada en ella para ese día nos confirmó que no habría problema, ¡Que él nos casaría!.

No nos queríamos hacer demasiadas ilusiones. Todavía nos lo tenían que confirmar desde el Despacho Parroquial.

Estuvimos un mes esperando muy nerviosos, en el que no pudimos hacer ni reservar nada más, llamando casi cada semana. ¡Y por fin llegó la esperada llamada! En ella confirmaron que nos habían anulado la reserva del día 25 de noviembre y nos habían reservado el día 9 de diciembre de 2017.

No sólo teníamos la iglesia, ¡También teníamos el día e incluso la hora!

9 de Diciembre de 2017
Miss Sara & Co | misssaraandco.com

¡Casi nos da algo de la emoción!, la verdad es que después de un mes, con las fiestas de Navidad de por medio, respiramos tranquilos y pudimos empezar con otra de las cosas que nos hacía muchísima ilusión ¡La finca!

Pero eso, querid@s os lo cuento en el próximo post.

Muy pronto…

Como os comentaba, os enseño un adelanto de la iglesia el día de la boda:

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Gracias.

Miss Sara & Co

ELECCIÓN DE FECHA

Cuando decides dar el paso de casarte, a la mayoría de las personas, nos empiezan a asaltar miles de dudas y preguntas.

Creo que la primera pregunta que nos hicimos fue: “¿Cuándo nos casamos?”.

Antes de que me lo pidiera, cuando hablábamos de casarnos, siempre dábamos por hecho que lo haríamos “como todo el mundo”, en una finca, al aire libre, por lo que tendría que ser con buen tiempo, en primavera-verano.

Como ya os conté, me lo pidió en noviembre, por lo que, si hubiésemos querido casarnos en temporada alta de bodas (de mayo a septiembre) podríamos haberlo hecho perfectamente. Quizá mayo hubiera sido muy precipitado, pero hasta agosto/septiembre teníamos tiempo de sobra. No os diré que no se nos pasó por la cabeza en un primer momento, pero la idea se nos fue de la cabeza en un “pis pas”.

Puede que fuera el buen tiempo que hizo ese año a finales de noviembre y principios de diciembre, el margen de un año que ganaríamos para organizarla con tranquilidad o puede que simplemente nos poseyese el “Espíritu de La Navidad” pero lo tuvimos claro. Una tarde de peli y manta, hablábamos de cuanto nos gustaba esa época, la calidez que nos transmitía nuestra casa decorada y lo que significaba para nosotros esas fechas y “se nos encendió la bombilla”. ¡Era un mes perfecto para casarnos!

DICIEMBRE (1)

Los dos estábamos completamente de acuerdo (algo inusual por otra parte en nosotros), mi cumpleaños era el 29 de diciembre, los padres del Sr. Marido se casaron ese mismo mes y nos daba tiempo a preparar, organizar e incluso ¡ahorrar!.

Teníamos claro dos cosas: primero, que no queríamos que se juntara directamente con las fiestas (24, 25, 31, 1 de diciembre); segundo, que la celebraríamos un sábado para que la mayoría de los invitados no tuvieran problema en el trabajo. No obstante, queríamos que todo estuviese ya decorado, que todo el mundo sintiera que ya era Navidad, por lo que las opciones que teníamos eran el 2, el 9 o el 16 de diciembre.

A partir de ahí comenzamos oficialmente con los preparativos.

¿Cuál es la siguiente pregunta que toda pareja que se va a casar se hace?

Muy pronto…
Miss Sara & Co

MI PEDIDA DE MANO

Bueno, pues ya estamos por aquí de nuevo para contaros cómo fue mi pedida de mano.

La verdad es que yo siempre había soñado con ese momento, lo tenía bastante idealizado (quizá por las pelis de Divinity). Aunque los dos teníamos claro que queríamos casarnos, al Sr. Marido era un tema que no le corría ninguna prisa, por lo que era algo que estaba encima de la mesa, pero nunca te lo esperas.

Un 20 de noviembre como otro cualquiera, si no recuerdo mal un jueves, me llama el Sr. Marido y me dice que tiene que darme una noticia muy buena en relación a su trabajo, que va a cambiar nuestra vida y que me invitaba a cenar esa noche para celebrarlo. Para poneros en antecedentes, mi marido, por entonces, estaba temporal en una gran empresa, haciendo todos los méritos posibles para que le contratasen de manera indefinida. Lo primero que pensé fue que le habían contratado o que le había llamado la competencia para ofrecerle un puesto.

Cuando llegó a casa, yo me moría por saber que era lo que tenía que contarme, pero por supuesto, él no me dijo nada, lo único que hizo durante toda la tarde fue, sin llegar a decirme nada claro, alimentar mi idea del contrato indefinido.

Otra cosa que tampoco me dijo fue dónde íbamos a cenar, sabía que había reservado en algún sitio porque me dijo que teníamos que salir de casa a una hora concreta pero no sabía dónde.

Cuando me monté en el coche y puso el GPS, aluciné con el tiempo de trayecto ¡Casi una hora! Mi lado cotilla no podía más, y le martiricé todo el camino con preguntas y suposiciones, incluso creo que en algún momento le dije algo así como: “¿No me irás a pedir matrimonio ahora verdad?”

Al fin llegamos, era un pueblo pequeño, hacía frío, estaba todo cerrado y no había ni un alma ya por la calle. Cuando vi el tema, tengo que confesar que me temí lo peor… Pero de pronto, llegamos a una especie de callejón y al entrar veo un vagón de tren precioso, era un restaurante muy pequeñito, dentro de un vagón de tren, me quedé alucinada, incluso creo que él también alucinó un poco.

Al entrar, nos ayudaron con los abrigos, los colgaron en un perchero que había cerca de la mesa y nos sentaron en una mesita pequeña, con una luz muy tenue y romántica. Al ver el menú se me empezó a caer la baba. Pedimos una botella de vino y veía que, aún sin gustarle, el Sr. Marido no paraba de pedir que le sirvieran más, aunque no le di mayor importancia. En ese momento yo estaba hablando continuamente con mis amigas por WhatsApp comentándoles la jugada, empecé a sospechar algo, la verdad. Lo que no sabía es que él también estaba hablando con ellas, ya que le ayudaron a preparar todo.

A mitad de la cena me levanté para ir al baño. En ese momento él aprovechó para coger el anillo que tenía en el abrigo y se lo puso debajo de la mesa. Cuando volví, él me dijo que también necesitaba ir al baño, y al levantarse, se arrodilló, cogió la caja del anillo, la abrió y me dijo: ¿QUIERES CASARTE CONMIGO?

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Me quedé… sin palabras…

Las personas que estaban en el restaurante nos empezaron a mirar con los mismos ojos del “gatito de shrek” y a aplaudir, yo estaba en shock, sinceramente, algo me olía pero jamás pensé que hincaría rodilla, y menos así, delante de todo el mundo al más puro estilo “Divinity”. Por supuesto, le dije que sí, y él, estaba tan nervioso y le daba tanta vergüenza la situación que me dejó el anillo en la mesa y se volvió a sentar… cuando lo vi no me podía reír más… le dije: “¿Pero es que no me lo piensas poner?”

Lo demás ya os lo podéis imaginar… volvimos a casa en una nube y a partir de ahí empezó la aventura…

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Muy pronto más…
Miss Sara & Co