MI EXPERIENCIA CON LA LACTANCIA

Pues sí, por fin, después de seis meses de lactancia, os cuento mi experiencia.

Muchas ya sabéis algunos puntos de esta experiencia porque he ido comentado cosas por Instagram, otras me habéis pedido consejo y otras tantas apareceréis aquí buscando información como he buscado yo miles y miles de veces antes de ser madre y durante estos meses. Pues bien, quiero aclarar en primer lugar que lo que os voy a contar es simplemente mi experiencia, en el tema de la lactancia y los bebés A+B no siempre es igual a C. Para muchas será algo más de información para decidir si queréis darle o no el pecho a vuestros hijos, para otras será consuelo y para otras simplemente una experiencia más que leer.  Además, quiero poneros en este post, todos los recursos que yo utilicé a modo de información.

Pero, como siempre, empecemos por el principio…

Cuando me quedé embarazada, entre muchas dudas y decisiones por tomar estaba esta, la lactancia. ¿Sería capaz de darle el pecho a mi bebé? ¿Me saldrían las famosas grietas? ¿Me subiría la leche? ¿Me dolería?

La verdad es que siempre tuve claro que quería darle el pecho a mi hijo, pero, después de escuchar tantos casos de “lactancias fallidas” y de escuchar a muchas madres como sus inicios habían sido durísimos y dolorosos, me asaltaban miles de dudas. No me informé lo suficiente antes de que naciese Pablo sobre este tema, lo reconozco, pero es cierto que siempre tuve claro una cosa: no le daría el pecho a mi hijo si eso suponía una tortura para mi. Creo firmemente en los beneficios de la lactancia materna, pero también entiendo que darle el pecho a tu hijo estando angustiada, dolorida o estresada no le aporta a nuestros bebés nada bueno.

Así que, cuando di a luz, hice el piel con piel e intenté que el niño se enganchara por sí solo, pero no lo conseguía. Me da muuuucha envidia esas mamás que según dan a luz le ponen a su hijo al pecho y se engancha sin problema. En mi caso no fue así, y de hecho ese fue el mayor inconveniente de mi lactancia. Estuve desde el jueves que di a luz hasta el domingo por la mañana ingresada, y la leche no subía. La primera noche, al nacer tan tarde, el niño solo quería dormir, así que la pasamos todo lo bien que cabe. Pero según iban avanzando las horas, Pablo empezaba a tener hambre y el calostro no era suficiente para él. La matrona que me tocó el primer día no ayudó mucho, estaba empeñada en que tenía que darle el pecho y sólo sabía decirme que si le dábamos complemento sería “bajo nuestra responsabilidad”. Os aseguro, que cuando eres primeriza, esa frase te retumba en la cabeza y te crea muchas inseguridades. El caso es que, después de oír llorar a mi hijo durante horas, y de ver como había perdido bastante peso en sólo un día, me enfadé, y le pedí al Sr. Marido que fuera a por un complemento de biberón al control, que se lo iba a dar BAJO MI RESPONSABILIDAD. Por suerte, había habido un cambio de turno, la matrona que estaba en ese momento vino a ver al niño y le metió un dedo en la boca. Tenía el paladar seco, eso significaba que tenía sed o hambre y, como era lógico, nos confirmó que necesitaba un complemento.

Nos trajo una jeringuilla con un tubito muy muy fino, me puso el niño al pecho e introdujo el tubito por la comisura de los labios del niño mientras apretaba la jeringuilla para que le fuese saliendo la leche de fórmula. De esta manera le “engañamos” para que siguiese estimulando el pecho. La verdad, creo que es una técnica estupenda para no “matar” al niño de hambre hasta que te sube la leche y a la vez no poner en peligro la lactancia materna.

Estas cosas son las que te pasan cuando eres primeriza, hoy por hoy, no dejaría llorar en ningún caso, a mi bebé recién nacido POR HAMBRE durante horas, sabiendo que hay otros métodos y maneras de hacerlo.  Ya os digo que no me informé demasiado antes de tener a Pablo, confiaba demasiado en el instinto y en que sabría cómo hacerlo. ERROR. Una vez más, la información es poder. Y también por esta falta de información, no me di cuenta que Pablo no tenía un buen enganche, pero esto os lo contaré más adelante.

Después de dos días en casa siguiendo esta técnica, por fin me subió la leche, pero para entonces, ya tenía una grieta que me provocaba bastante dolor. Así que, en una de las innumerables visitas del Sr. Marido a la farmacia, le encargué que comprara unas pezoneras y el famoso *Purelan. La farmacéutica le recomendó las de *Medela, y la verdad es que me gustaron bastante, se sujetaban bien al pecho, eran finitas y traía un estuche para guardarlas. Alucinada me quedé cuando supe que había tallas, en mi caso la M era la adecuada. Con las pezoneras mejoró todo muchísimo, y al cabo de una semana pude dejar de usarlas.

** Os dejo los enlaces con sus precios.

Aún así, Pablo no ganaba el peso que debía ganar, iba muy poco a poco, por lo que, en una de las visitas al pediatra, nos recomendó darle suplemento. Así lo hicimos, empezamos a darle después del pecho un suplemento de 30ml de biberón. Para nosotros lo primero fue siempre su salud y bienestar.

Pero, quien realmente hizo que consiguiese una lactancia “cómoda”, bonita y exitosa tanto para Pablo como para mi, fue una enfermera especializada en lactancia de nuestro centro de salud de la Seguridad Social que nos recomendó la pediatra.

A parte de tirarse con nosotros todo el tiempo que hizo falta, aproximadamente media hora dentro de la consulta, nos facilitó los recursos que necesitábamos. Me enseñó a enganchar el niño al pecho de manera correcta, con el pezón hacia el paladar (para mi ésta fue la técnica que marcó la diferencia sin duda) y la boca muy abierta. Siempre había escuchado e incluso me habían dicho que para facilitar el enganche tenías que coger el pecho y cuando el niño abriera bien la boca meter el pezón con la areola incluido, pero este simple gesto de con un dedo dirigir el pezón hacia el paladar del bebé (hacia arriba) no. Os dejo una foto de Amamantar con Amor, y su post donde os lo explica fenomenal.

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Amamantar con Amor

Además, la enfermera, me facilitó varias páginas webs y vídeos por si tenía dudas, una de ellas es e-lactancia.org, una web en la que, si te tienes que tomar por cualquier motivo un medicamento, te indica si es compatible con la lactancia o no. Y os aseguro que a mi me ha venido fenomenal, por ejemplo, en épocas de alergia donde he tenido que tomarme antihistamínicos. También me recomendó darle entre toma y toma, los 30ml de complemento, en vez de dárselo inmediatamente después del pecho, quedando un esquema como este:

Sin título nnY por último, algo que creo que también funcionó bastante bien es darle los complementos con el biberón de Dr. Brown. ¿Por qué? Pues porque después de mi experiencia y de usar varios bibes (incluso los que se supone que son específicos para bebés que toman pecho), me he dado cuenta que en la mayoría, sale demasiado flujo de leche, y eso hace que para ellos sea más fácil, y por lo tanto, dado que los bebés son bebés pero no tontos, terminan prefiriendo el bibe. En cambio, los de Dr. Brown son específicos para prevenir o tratar los cólicos, y el flujo de leche es muy lento. Creo que no se debe sólo a la tetina, si no también al mecanismo que tiene para evitar que trague aire el niño al succionar. Os dejo enlace del biberón aquí

Después de esta visita, hicimos seguimiento con ella cada tres días durante un tiempo y más tarde cada semana, aumentando el complemento a 60ml según iban pasando las semanas y asegurándonos de que el niño iba ganando el peso que le correspondía. Cuando el peso del niño se estabilizó, empezamos lo que yo creía que era lo más difícil y que nos resultó bastante fácil. Empezamos a quitarle complemento, primero en algunas tomas, normalmente alternando, de este modo:

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Y así mantuvimos hasta que Pablo tenía unos dos meses y medio o tres y recuperó más o menos el peso que debía coger.

No os diré que quedarnos con el pecho única y exclusivamente era algo que me preocupara, porque, como ya os he dicho, me importaba más que el niño ganase peso y estuviera sanito.

Después de un fin de semana de esos en los que tienes más planes que horas tiene el día y no eres capaz de prestar demasiada atención a nada, me di cuenta que Pablo había tomado complemento en muy pocas tomas. Pedía pecho cada poquitas horas, pero no lloraba de desesperación y se saciaba rápidamente. A causa de la locura que había sido ese fin de semana, simplemente le había dado pecho cuando pedía sin reparar en las horas y los complementos correspondientes. Pues bien, ese “fallo” por mi parte, hizo que a partir de ese momento, estableciéramos la lactancia materna exclusiva.

Y pensaréis, ¿Qué fácil no?, ¿Cuál fue el truco?

Creo que dejar de pensar en la lactancia fue la clave del éxito. Me explico, cuando tienes tiempo para sentarte, darle el pecho durante un buen rato (mientras te aburres), calcular cuándo le toca la próxima toma, estar pendiente de si llora para darle el biberón, etc, etc, etc… entras en un bucle y miras al detalle cada paso que das. Yo, sin embargo, ese fin de semana, no tuve tiempo ni para pensar. Le había dado el pecho en la terraza de un bar, en el restaurante, en la cocina de mis padres y en mil sitios más… sin parar a pensar cuándo había sido la última vez que le había dado, simplemente cuando el niño tenía hambre, yo respondía a su reclamo. Imaginaos cómo serían esos dos días, que ya os digo que hasta que no llegó el lunes, y el fin de semana concluyó, no fui consciente de lo que había pasado.

Eso sí, el camino no ha sido fácil, porque además de pasar por todo este proceso, he tenido que enfrentarme durante el mismo a la mirada acusadora y a juicios paralelos de mi entorno cuando mi hijo no cogía peso o lo cogía muy poco a poco.

Los comentarios del tipo “el pecho no le alimenta”, o en forma de pregunta “¿No será que tu leche no le alimenta?” o “Pues mi hijo toma/tomaba biberón y no se ha puesto malo nunca”. Los escuchareis queridas, pero no os preocupéis, sabemos que no haríamos nada que perjudicase a nuestros hijos. Bajo mi punto de vista, la prioridad no debe ser la lactancia, la prioridad debe ser que nuestros hijos crezcan sanos y fuertes y eso pasa por intentar un tipo de alimentación que puede proporcionarles múltiples beneficios como es la leche materna entre otras.

Tengo que confesaros, que a día de hoy, recién cumplidos los seis meses,  y pese a que paso fuera de casa más de diez horas al día por mi trabajo, me resisto a dejarla. Contra todo pronóstico, esa manita acariciándote y esos ojos negros que te miran mientras le das el pecho me tienen enamorada completamente.

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Miss Sara & Co

 

EL BAUTIZO DE PABLO

Pues sí, como much@s sabéis este fin de semana hemos celebrado el bautizo de Pablo.

Ha sido un día muy bonito aunque muy estresante.

Me habéis pedido que os cuente algunas cosas del bautizo porque algunas mamás estáis preparando el de vuestros peques, así que aquí va un mini post del tema.

En primer lugar, decir que no hubo fotógrafo profesional, un amigo nos iba a hacer las fotos pero se le olvidó la cámara, así que, las fotos que tenemos son todas hechas con el móvil.

En primer lugar, y lo más importante, elegimos la Real Colegiata de San Isidro de Madrid. Por varias razones, pero principalmente porque le bautizaban a él sólo, un sábado y a las seis de la tarde. Estuvimos preguntando en muchísimas iglesias, desde la parroquia de nuestro barrio hasta varias iglesias que nos gustaban del centro, y en la mayoría el bautizo era con más niños y los domingos por la tarde. No me apetecía que fuera un día en el que la gente tuviera que estar nerviosa por irse a su casa o no porque al día siguiente tuviera que trabajar. Por otro lado, si hubiese sido por la mañana no podríamos haber hecho la celebración de después tipo picoteo como lo hicimos. Además de todo esto, la iglesia es preciosa, y el cura que celebró el bautizo, nos lo hizo super ameno y nos puso todas las facilidades del mundo. La verdad, os recomiendo esta iglesia cien por cien.

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El sitio donde lo celebramos es un restaurante que visitamos bastante. Es un sitio normal, pusimos raciones, a modo de picoteo y tipo cóctel. Si no recuerdo mal estaba compuesto por mini hamburguesas, nachos, buñuelos de queso de cabra, croquetas variadas y huevos rotos con jamón. De postre nos pusieron crepes de chocolate y profiteroles con nata.

Las invitaciones las diseñamos nosotros y las enviamos a través de WhatsApp.

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El traje del niño es el que llevó su padre hace justo treinta años, así que no tuve que comerme la cabeza. No ha sido algo planeado ni algo que su padre hubiera pensado antes de que se me ocurriera a mí. Un día, en casa de mis suegros, hablando del bautizo, pregunté si guardaban el faldón del Sr. Marido y me dijeron que sí. Lo sacamos y vimos que estaba perfecto, así que lo llevamos al tinte y la verdad es que le quedaba perfecto y es precioso. Lo que más me gustó del faldón es que era blanco, no blanco roto, ni beige, ni crema, no, era blanco puro.

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Por si os sirve, antes de saber de la existencia de este faldón estuve mirando los de Doña Carmen, que en relación calidad/precio, creo que son los mejores.

La verdad es que le compré unos zapatos y le pedí a una tía que le hiciera unos patucos, pero fui incapaz de ponerle nada en los pies con el calor que hacía. Cuando la ceremonia acabó y empezó la celebración cambié al niño y le puse una ranita blanca de plumeti que compré en las rebajas de Neck & Neck de la que os dejo el enlace aquí. Ahí si le puse los zapatos, que era unos “pepitos” de toda la vida en piel blancos, os dejo también el enlace por aquí.

Nuestra amiga Sandra, nos regaló la mesa de dulces de Cori’s, como ya os he contado en mi instagram. La temática eran los elefantes, y estaba confeccionada en tonos azul, gris y blanco, que sabéis que son los colores que más me gustan para Pablo.

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Además, a ella le encargamos también los detalles para invitados, que más tarde, “customizamos” con una foto que hicimos nosotros y encargamos en modelo retro revelar a Cheerz y una pinza blanca que compramos en un chino cercano y pegamos.

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Por último os dejo una imagen nuestra. Mi vestido era de El Corte Inglés y los zapatos de Marypaz.

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Y sí, ese día por la mañana me corté el pelo, ¡Por fin!, me tiré a la piscina, ¿qué os parece el cambio?

Gracias por vuestras felicitaciones y buenos deseos.

Miss Sara & Co.

MI PARTO – SEGUNDA PARTE

Si tengo que resumir con una palabra o ponerle título a este post lo llamaría: COMPLICACIONES.

Pero no quiero adelantarme, empecemos por el principio.

Veintiocho de marzo de dos mil diecinueve, esa fue la fecha en la que finalmente me pondría de parto.

Esa noche estuve incómoda, me habían hecho la maniobra de Hamilton el día anterior (como os conté en el post donde os cuento la primera parte de mi parto), y esa noche tuve pequeñas contracciones, aunque pude descansar. Pensaba que no iba a poder dormir nada, pero sí, en la fase final del embarazo dormir era tan indispensable para vivir como el aire, y esa noche caí rendida como cualquier otra.

Esa mañana me levanté, terminé de meter algunas cosas de última hora en la maleta, me duché y me despedí de mi casa por unos días. Habíamos quedado con mis padres, hermano y suegros en el hospital. Llegamos un poquito antes y el Sr. Marido y la familia decidieron desayunar. En ese momento, yo ya estaba deseando entrar y empezar con aquello.

Cuando el Sr. Marido terminó de desayunar, nos dirigimos los dos hacia urgencias, que es por donde debíamos entrar. Allí, me exploraron, me pusieron los monitores y una vía. Estaba emocionada, todo empezaba en ese momento, sabía que no sería fácil pero quería vivirlo todo y saborearlo. Creo que justo esa actitud fue lo que hizo que viviera el parto como una experiencia increíble y preciosa, y no como algo doloroso y traumático.

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Al rato de estar allí los dos solitos, escuchando el latido del corazón de nuestro niño, vinieron a buscarnos para subir a la habitación. Allí nos reunimos con el resto de la familia. Me puse el camisón, me volvieron a explorar y nos informaron de que me iban a poner un poco de Oxitocina para comenzar con la estimulación. Sabía que ahí empezaría lo heavy, porque había escuchado que las contracciones “de Oxitocina” eran más dolorosas. La verdad, noo sé como serán otras contracciones, pero las mías empezaron de golpe y fuertecitas.

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La matrona me trajo la pelota de pilates, pero debido a la Oxitocina, querían tener controlado al niño constantemente con el monitor.Estando sentada en la pelota, el monitor perdía las constantes del niño cada dos por tres, así que decidieron tumbarme. Esto fue lo peor, el dolor tumbada era mucho menos soportable. Cuando las contracciones empezaron a ser dolorosas, me ofrecieron la epidural. Yo ya había comentado anteriormente que me la quería poner, es más, siempre había hecho la gracia con mi entorno y mi ginecóloga que yo cuando llegase de parto al hospital en vez de: “Mire, vengo porque me he puesto de parto”, diría: “Mire, vengo a ponerme la epidural”. Pero en ese momento, aún con contracciones dolorosas quería saber hasta dónde podía llegar (absurdeces innecesarias).

Sobre la una de la tarde, después de una exploración, seguía estando dilatada de dos centímetros, y decidieron romperme la bolsa. Una sensación extraña la verdad. Tenía muy poco líquido (otro de los motivos para que el parto no se pudiese demorar más semanas), hasta la matrona dudaba de si me había roto la bolsa o no, pero sí, estaba rota. Me advirtieron que con la bolsa rota empezarían a ser aún más dolorosas las contracciones, y de nuevo me ofrecieron la Epidural. La rechacé porque consideraba que podía aguantar un poco más.

A las cuatro, aproximadamente, ya no podía más, necesitaba la epidural urgentemente, había llegado al límite después de casi cinco horas de contracciones. Me vine abajo cuando me dijeron que apenas había dilatado un centímetro, en ese momento pensé que me quedaba aún mucho. Es curioso, ahora que caigo, en ningún momento pensé que acabaría en cesárea, era algo que ni contemplaba, y no sé por qué.

No tenía miedo a la epidural, pero sí respeto. Os puedo decir que prácticamente no me enteré. A los cinco minutos de ponérmela el dolor se había ido y yo era plenamente feliz.

Pero mi felicidad dura poco porque a las dos horas la epidural se empieza a “lateralizar”, o sea, que empieza a despertarse el lado izquierdo de la pierna y la tripa, y empiezo a notar todo el dolor. Avisé a la matrona de que el efecto se estaba pasando, me exploraron y seguía estando de tres centímetros, no me lo pensé y pedí que me pusieran más. Esos quince o veinte minutos entre que lo pedí y subieron a ponérmelo fueron infernales, me agarraba a cualquiera que pasase por allí y les decía que no podía más, que necesitaba urgentemente más epidural, sí sí, tipo película.

Cuando subieron y me pusieron la epidural fue como ver el cielo otra vez. Es increíble el efecto que hace y lo que alivia cuando estás así. Eran las siete de la tarde y llevaba ya ocho horas con contracciones. Me vuelven a explorar y por fin había avanzado algo, estaba ya de seis centímetros.

Tengo la teoría de que ese momento de dolores sin epidural ayudó a que pasase esa barrera de los tres centímetros y dilatase más rápido.

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Momento después del “chute de epidural” (fijaos la diferencia de cara)

Sobre las nueve de la tarde empiezo a notar de nuevo dolor, esta vez en toda la tripa y las piernas, avisan a mi ginecóloga y me explora, seguía estando de seis centímetros. Entonces, mi ginecóloga me dice: “Sara, me voy a cenar, no tardo nada, si hay cualquier cambio me llaman y vengo corriendo”.

Antes de irse, mi padre le pregunta a la doctora si cree que el niño nacerá el veintiocho o el veintinueve, a lo que ella contesta que se inclina más por el veintinueve.

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Al cabo de diez minutos veo que el dolor empieza a intensificarse mucho y llamo a la matrona dispuesta a pedirle más epidural. Para mi sorpresa, mi ginecóloga aparece de nuevo por la puerta y me dice que ya se iba pero que, por si acaso, va a volver a explorarme.

¡Sorpresa! ¡Dilatación completa!

Entre dolor y dolor alucino en colores con la noticia. No obstante, había un pero, el niño tenía la cabeza ligeramente torcida y tenía que ponerla recta para poder introducirse correctamente por el canal del parto. Durante una hora me colocan en una postura “imposible” y monitorizan al niño poniéndole un electrodo en la cabecita.

En ese momento tenemos el primer susto: las constantes del niño bajan una y otra vez y en un momento dado perdemos el pulso. Veo las caras de preocupación de matrona y ginecóloga y me muero del miedo. Os aseguro que fueron unos segundo horribles. Cuando por fin lo encuentran de nuevo, el Sr. Marido rompe a llorar, ¡demasiadas emociones!.

Sigo con dolores, noto cada contracción cada vez más, pero la matrona me dice que en ese punto del parto no es aconsejable poner más epidural y yo decido que soy capaz de terminar sin ella.

Después de una hora en esa postura y de practicar los pujos con la matrona para paliar el dolor de las contracciones, ¡Es el momento, bajamos a paritorio!

Una vez allí, casi no le doy tiempo a la doctora a vestirse. Empujo con todas mis fuerzas, con toda mi alma, como si llevase toda la vida haciéndolo. El dolor pasa a un decimo quinto plano y ya solo estamos mi marido, mi bebé y yo.

Tengo que ser fuerte, tengo que darlo todo porque me espera la mejor recompensa del mundo (os confieso que en este momento estoy muy emocionada de recordarlo). Y tras tres o cuatro pujos sale DE MÍ, un bebé calentito, viscoso y precioso que no para de llorar.

Os aseguro que fue la mayor sensación de felicidad y orgullo que he sentido en la vida.

YO había hecho eso, YO había sido capaz de traer a mi hijo al mundo. YO, que tan poco me valoro muchas veces, YO, que tanto he menospreciado mi cuerpo en ocasiones, YO que a veces no he confiado en mí misma.

Y justo cuando me ponen a mi bebé encima, en ese preciso momento, empiezo a notar que la energía me falla, y no puedo expresar toda esa felicidad porque no puedo hablar, no puedo sacar la emoción que tengo, noto como poco a poco voy perdiendo la consciencia.

No sé si llegué a perderla del todo, según el Sr. Marido me quedé con la mirada perdida. Luego me confesó que se asustó muchísimo de verme así y de ver la reacción de los que estaban allí. En ese momento, empiezan a actuar, la matrona le da corriendo al Sr. Marido el niño, llaman a otra ginecóloga y empiezo a escuchar como dicen “diez miligramos de no sé qué”, “20 de no sé qué otra cosa”, “Rápido por favor”, “Llama a la Dra. X”.

En ese momento no fui consciente de que lo que tenía era una atonía del útero, que, básicamente, es que el útero no se contrae después de salir la placenta, lo que provoca una hemorragia. Por suerte, pudieron cortarla rápido y sólo me ha dejado como consecuencia una anemia que no consigo quitarme ni con bolsas de hierro intravenosas.

No os negaré, que tengo la espinita clavada de que  no hayamos podido vivir ese momento de otra manera, pero estas cosas no las elegimos y aún así doy gracias.

Os aseguro, que ha sido la experiencia más maravillosa que he vivido jamás, ninguno de los baches que nos encontramos durante este camino empañó ese momento. La palabra es MAGIA.

Cuando escuchaba a otras mujeres decir que su parto había sido maravilloso y que había sido una experiencia única, no podía imaginarme como algo que decían que era tan doloroso y duro podía dejar tan buen sabor de boca. Ahora lo entiendo, ahora sé por qué.

Las que ya lo habéis pasado, me entenderéis.

Las que lo vais a pasar, lo entenderéis.

“Dar a luz y nacer nos lleva hacia la esencia de la creación, donde el ser humano es valeroso e intrépido, y el cuerpo un milagro de sabiduría”

Harriette Hartigan

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MI PARTO – PRIMERA PARTE

Hace demasiado que no escribo, pero es que, por muy santo que sea mi hijo, sacar tiempo para sentarse delante del ordenador “tranquilamente” es difícil.

Hoy traigo un post muy especial, creo que muchos más que escriba, este siempre será el más especial.

Alguien me dijo que recordaría ese día en bucle durante un tiempo cuando diese a luz, y es cierto. Incluso he recordado detalles de los que no me acordaba semanas después.

En primer lugar os diré que para mí el tiempo pasó muy rápido, no miraba el reloj apenas así que, no os puedo decir con exactitud el tiempo transcurrido exacto ni tampoco la hora en la que pasaba cada cosa.

Pero, no quiero adelantarme, porque este parto “empieza” en la semana 37, cuando empiezan a hacerme monitores y a controlarme el cuello del útero.

En esta primera semana la dinámica como le llaman, o lo que es lo mismo, las contracciones y la frecuencia cardiaca del bebé, era normal. No tenía contracciones apenas y el niño estaba perfecto, por lo que mi gine me planificó el seguimiento para las  cuatro semanas siguientes, ese seguimiento eran los miércoles, monitores por la mañana y consulta con ella por la tarde.

Ese día que acudí a consulta y tras el primer tacto, pasé una noche “toledana”. Empecé con bastantes contracciones y bastante dolorosas durante varias horas. Estuve controlándolas pero no eran regulares y durante la madrugada pararon y caí rendida en la cama.

Yo me frotaba ya las manos pensando que esas contracciones significaban que el momento estaba cerca (nada más lejos de la realidad).

Durante las siguientes semanas llegué a borrar el cuello y dilatar dos centímetros, pero no conseguía pasar de ahí…

El 25 de marzo salía de cuentas, y esa semana, el 27 de marzo, estando de 40+3, acudí a mi seguimiento habitual de los miércoles. Sabía que sí o sí quedaba poquito para ver la cara de mi niño, porque durante esas semanas ya habíamos hablado sobre la posibilidad de provocar el parto si en algún momento el niño sufría o si no conseguía ponerme de parto de manera natural. Por lo que esperaba que me diese un día tope de la semana siguiente para hacerlo. Pero cuando leí el informe de monitores vi que había algo nuevo, era un término médico, pero era algo así como “dinámica activa”. Cuando llegué a la consulta, la Doctora echó un vistazo al monitor que me había hecho por la mañana y me exploró. Cuando terminó sus palabras fueron: “Te voy a hacer una proposición, sigues igual de dilatación, pero estás teniendo contracciones cada vez más regulares aunque no muy fuertes, no estás de parto franco, pero te queda poco. Mañana vamos a estar todo mi equipo y yo en el hospital, te propongo que vengas a las 8 y empezamos a estimularte”

Mi cara era un cuadro, en serio, tonta de mí, aunque sabía que el momento estaba al caer, no me esperaba para nada que estuviera TAN CERCA. Hasta tal punto que también me ofreció la posibilidad de esperar hasta el 1 de abril (lunes y primer día en el que entraba en vigor la paternidad de 8 semanas).

Cuando conseguí reaccionar, me explicó que al no saber al cien por cien cuando me había quedado embarazada, mi fecha probable de parto no era muy fiable y no quería arriesgarse a dejar pasar demasiado tiempo  (os dejo el enlace por si no conoces mi historia). Además con la dinámica que tenía no era “provocar” el parto si no “estimular” ya que no partíamos de cero.

¡Ah, se me olvidaba!, ese día en el tacto, me hizo la maniobra de Hamilton, que para las que no lo sepan, es un método de inducción del parto que consiste en despegar con el dedo las membranas amnióticas de la pared del útero. Por lo que me avisó que independientemente de lo que decidiese podía ponerme de parto en cualquier momento.

Creo que por la cara que pusimos el Sr. Marido y yo entendió que nos habíamos quedado en shock y nos animó a que fuésemos a tomar un café y después le comunicásemos nuestra decisión. Y así lo hicimos, llamamos a nuestros padres, hablamos durante un buen rato, y decidimos hacerlo. Esperaríamos esa noche, y si no nos poníamos de parto, iríamos al hospital para empezar a estimular el parto. Una de las cosas que más nos hizo inclinar la balanza hacia esta decisión, fue el hecho de no saber exactamente cuándo habíamos concebido a nuestro hijo y no tener todos los datos como en un embarazo normal. Nos daba miedo estar de una semana más, aunque es cierto que la Doctora nos comentó que si decidíamos esperar nos vigilaría todos los días (incluso el fin de semana) con monitores para ver el estado del bebé.

Siempre tuve la ilusión de ponerme de parto, romper aguas, contar las contracciones y coger la maleta de madrugada para ir al hospital, etc… (Así me lo había imaginado siempre), pero no queríamos bajo ningún concepto poner en riesgo la salud de nuestro bebé. Y la verdad, es una decisión de la que no me arrepiento.

Nos cogimos de la mano, volvimos a la consulta y le comunicamos lo que habíamos decidido. Esa tarde nos fuimos a lavar el coche, nos hicimos unos espaguetis con tomate y vimos una peli. Aprovechamos nuestro último momentito de dos esperando con impaciencia que pasaran las horas para ser una familia de tres…

Miss Sara & Co

 

 

ESTÁS EMBARAZADA, NO ENFERMA

¿Cuántas veces, las que han estado embarazadas o lo estamos, hemos escuchado esta frase?

Yo, desde luego, muchas. ¡Y eso que todavía voy por mi sexto mes de embarazo!

Desde el minuto uno he tenido que escuchar esto de muchas personas diferentes. Además, casi siempre, estos comentarios suelen venir de mujeres. Porque sí, aunque sea triste, para mi sorpresa, las que más me han cuestionado y menos empáticas se han mostrado conmigo han sido las mujeres de mi entorno.

En mi caso, durante el primer trimestre, físicamente mi embarazo no me limitaba demasiado. Quizá estaba más cansada que de costumbre, las tardes se me ponía mal cuerpo o me daba reflujo y tenía pequeños dolorcillos de regla, como ya sabéis, para mí lo peor fue la parte psicológica en esta etapa.

Eso sí, dile tú a una señora, con vómitos desde que se levanta hasta que se acuesta o con mareos constantes o con bajadas de tensión brutales hasta el desmayo o con un popurrí de éstos y otros síntomas que está embarazada, no enferma.

Pero es que no es necesario ni que te quejes ni que tengas ningún síntoma, simplemente hay gente que te lo recuerda por “si se te olvida”, sin ningún motivo aparente.

Luego llega el segundo trimestre, el mejor según “el manual de la perfecta embarazada”, y ahí si que no tienes derecho alguno de quejarte por nada. Porque todavía la tripa no te pesa, porque “ya se han pasado las náuseas y mareos” y porque en este trimestre tienes que ser la mujer más feliz del mundo. Pues bien, en este caso, si puedo hablar en primera persona. Efectivamente, en la semana 11 los síntomas que tuve desaparecieron, y desde ahí hasta la semana 21/22 todo fue estupendo y maravilloso, sinceramente pensaba que iba a ser un embarazo perfecto.

El problema llega cuando aparece en tu vida unos dolores muy fuertes en la parte media de la espalda desde que te levantas hasta que te acuestas, cuando llegas a casa llorando por no soportarlo más, cuando ese dolor va bajando poco a poco hasta la pierna y un día cuando te levantas del sillón te das cuenta que no puedes andar y es tu marido el que te tiene que llevar a la cama en volandas. El problema llega cuando te diagnostican una lumbalgia y posteriormente una ciática. ¿Pero sabes cuál es el verdadero problema? Cuando “gente”, de tu entorno te dice: “Hija, estás en la semana 23, si ya te empieza a doler la espalda…” o “¿Es muy pronto para que tengas ciática no?”.

A parte de fuera de lugar, para mí, son comentarios cargados de mala leche que cuestionan, innecesariamente, lo que te pasa.

Pero, ¿y en el tercer trimestre?. Yo de este aún no puedo hablar, aunque viendo el tamaño de mi tripa actual y como estoy me puedo imaginar lo que me espera. En este trimestre normalmente te coges la baja, ya sea a la semana 28 o a la 38. Como opinión personal, tengo que decir que cada mujer lleva su embarazo de una manera distinta. No creo que existan dos embarazos iguales, incluso de una misma mujer, por lo que cada una deberíamos decidir hasta cuando, cómo y en qué condiciones trabajar. Con lo que no puedo, es con esos comentarios de “super mujeres” con el único fin de compararse contigo y hacerte sentir que eres una floja del tipo: “Yo aguanté hasta el último día, un poco más y lo tengo en el trabajo”, “¿Te vas a dar de baja ya?, pues yo iba a trabajar aunque fuese a rastras” o “¿Para qué te vas a coger la baja si tu trabajo es de oficina?”.

Y que conste que no digo que un embarazo no pueda ser maravilloso, ni que estar embarazada signifique estar enferma, para nada. Lo que digo, es que un embarazo es un proceso físico y psicológico, muy heavy por cierto, por el que pasa una mujer para traer un bebé al mundo.

Hay mujeres que lo llevan mejor, mujeres que lo llevan peor, mujeres que ni se enteran de su embarazo y mujeres que se pasan los nueve meses padeciendo. Cada cuerpo, responde de una manera y debemos respetarlo y no juzgar. Sobre todo, tenemos que evitar hacer ese tipo de juicios de valor que tanto nos gustan. Para esto no existe un manual, un libro o una fórmula exacta que te diga qué va a pasar en cada día o semana de tu embarazo, y quizás por eso es tan bonito y tan duro el embarazo.

¿Cuándo he utilizado yo esta frase?

Porque sí, yo también la he utilizado y seguro que muchas de vosotras también.

¿Quién no ha tenido esos momentos protagonizados por un/una padre, madre, marido, suegra, hermano, amigo, etc., en los que no te deja ni respirar? Te mira si el café es descafeinado, repentinamente te levanta las piernas para que no se te hinchen, te pone el cojín detrás de la espalda, te trae una botella de agua porque consideran que no estás lo suficientemente hidratada y te tapa hasta la boca por si tienes frío, para que no te cojas un resfriado.

O esos comentarios del tipo: “Ay hija no te agaches que estás embarazada” o “Cariño no cojas esa bolsa (que pesa unos 250gr) a ver si te vas a hacer daño”.

Yo la verdad es que me parto, porque intuyo que esto pasa porque es el primero y que con el segundo lo echaré de menos, pero muchas veces me ha salido la frase: “Mamá por Dios, déjame vivir que no estoy enferma, estoy embarazada”.

Porque por supuesto, y por suerte, no estamos enfermas, estamos embarazadas y no necesitamos que nadie nos lo recuerde porque ¡LO SABEMOS!

Miss Sara & Co.

P.D.: Gracias por estar siempre ahí, por hacer que escribir este blog tenga sentido y por hacérmelo saber.

 

MI EMBARAZO: Primer Trimestre

Terminé mi anterior post diciendo que en el momento en el que me enteré de que estaba embarazada aún no lo sabía, pero que me me esperaban, quizás los peores meses de mi vida. Pues bien, creo que así fue.

Tras los cuatro o cinco primeros días en lo cuales estuvimos como en una nube, empezó a aparecer en mi mente la duda y el miedo…

Una semana y media después de enterarme decidí ir a urgencias, la incertidumbre me estaba matando y necesitaba saber que todo iba bien. Pues bien, las noticias no fueron de lo más tranquilizadoras. Al hacerme la eco vieron un pequeño saco, pero estaba vacío. Le pregunté al doctor cuánto medía y me dio unas medidas superiores a las que tuve incluso estando de siete semanas en mi anterior embarazo, y entonces dirigiéndome hacia el Sr. Marido comenté: “Qué bien, ya mide más de lo que medía la bolsa en el anterior embarazo estando de siete semanas”. Entonces, el doctor, en un comentario tan innecesario como real me contestó: “Bueno, sé objetiva, esto no significa nada”.

En fin, salí de allí hecha polvo con la recomendación de que pidiera cita para diez días después. El Sr. Marido no hacia más que decirme que no eran malas noticias, que todo estaba bien. Yo solo podía pensar en que no iba a tener fuerzas para pasar otra vez por lo mismo. Esos diez días os podéis imaginar lo largos que se hicieron… Pero para ponerme las cosas un poquito más “fáciles” durante ese tiempo manché, nada significativo que me hiciera ir a urgencias, pero manché. Lo daba ya todo por perdido y me resigné a ello la verdad, estaba esperando el momento en que aquello fuera a más para confirmarlo. Gracias a Dios no pasó…

Como era agosto, mi gine estaba de vacaciones, por lo que tuve que pedir cita con otro ginecólogo del hospital del que no tenía referencias. Al fin llegó el día y los nervios me comían, allí conmigo estaban mis padres y el Sr. Marido, y en el último momento llegaron unos amigos, eso hizo que consiguiera distraerme un poquito, aunque aún así la espera se me hizo eterna. Después de todo estaba “preparada” para que me dijesen cualquier cosa. Al fin mi turno, las piernas me temblaban y creía que me iba a desmayar (y no estoy exagerando). Como estaría, que el Sr. Marido tuvo que decirle al médico que me disculpara, que él le contaría todo porque yo estaba tan nerviosa que no atinaba ni a hablar… El médico empatizó totalmente conmigo y me trató con mucho cariño. Cuando me empezó a hacer la eco yo no podía ni mirar la pantalla, me tapé la cara en un acto total de cobardía. Y de pronto escuché las palabras mágicas: “Enhorabuena, está embarazada y está todo bien”. Entonces miré, y lo vi, mi #littlerainbow estaba ahí. Mi siguiente pregunta fue: “¿Le late el corazón?”. Sí, le latía, lo escuché y me emocioné.

Pero no, el miedo y la angustia no desapareció después de aquello. Ahora se había multiplicado si cabe. Las siguientes semanas fueron de lo más angustiosas, y no puedo explicar por qué mi mente se empeñaba en no dejarme disfrutar, pero lo hacía. Tres semanas después volví a tener una consulta con mi ginecóloga, todo seguía perfecto, eso me tranquilizó un poquito, pero por poco tiempo. Cuando hablaba del bebé, no podía quitarme de la boca el “…si todo va bien…”, “…si no pasa nada…”

Curiosamente, para mi tener síntomas como náuseas, ardores y cansancio era una alegría inmensa. Significaba que, seguramente, todo iba bien.

Estuve dos semanas en la playa de vacaciones y eso me “salvó” un poco. Estaba distraída y acompañada, y de esa manera conseguí controlar un poco la angustia. Creo que nunca en mi vida he pasado tanto miedo. Estaba alerta siempre, incluso me decía a mi misma que tenía que hacerme a la idea de que iba a perder el bebé por si volvía a pasar.

A esto se le sumó, una vez más, la incomprensión de la gente de mi entorno. Nadie entendía por qué pensaba esas cosas, nadie entendía por qué estaba tan negativa o por qué estaba triste. Las frases de “Tienes que disfrutar el embarazo…”, “No tienes motivos para estar triste…”, “No puedes ser tan negativa…”, me rechinan todavía… Ya sé que tengo que disfrutar del embarazo y que no tenía motivos para estar triste, a NADIE le hubiese gustado más que a MI poder estar tranquila como cualquier otra mujer esos meses. ¿De verdad es tan difícil de entender? ¿De verdad no podemos ponernos en el lugar del otro?

Me hago cargo que es complicado entender lo que supone un aborto a nivel emocional o psicológico. Pero, ¿de verdad es tan difícil de entender que cuando pasas por una situación como esta y te vuelves a quedar embarazada es inevitable sentir miedo y angustia? Lo único que consiguen este tipo de comentarios, o al menos en mi caso, es que no verbalizase todo lo que sentía por miedo a tener que escucharlos otra vez. Y sinceramente, creo que eso tampoco ayuda.

La pregunta es: “¿Cuándo desaparecen esos sentimientos?”

La respuesta es difícil porque cada mujer necesita sus tiempos, creo que un embarazo de por sí, ya genera preocupación en algunas etapas. Ahora, embarazada de 15 semanas, estoy empezando a distinguir lo que es la preocupación normal de cualquier mujer que está embarazada y lo que he sentido yo durante estos meses.

Ahora estoy disfrutando mucho más del embarazo, en la eco de los tres meses, cuando le vi por primera vez con la formita de un bebé, me di cuenta que no había pensado en él como tal, estaba más preocupada preparándome para lo peor. Ni siquiera le había hablado, no había sido consciente de nada. Me sentí muy culpable. Estaba demasiado concentrada pensando en el embarazo como un estado y no había pensado ni un minuto en mi bebé.

Y justo en ese momento en que ves a tu bebé moviendo sus brazos y piernas, escuchas de nuevo su corazón latir con más fuerza y distingues sus ojitos, su naricita y su boquita, te das cuenta que todo ha merecido la pena.

A raíz del post de mi aborto, muchas chicas se han puesto en contacto conmigo para contarme sus experiencias. Tanto mujeres que han perdido su bebé y se encuentran de nuevo en la búsqueda de un embarazo, como mujeres que ya tienen a su bebé arcoiris y han pasado por la experiencia de vivir un embarazo tras un aborto. Os quiero dar las gracias a todas, porque ahora sé que hice bien en escribirlo, que hablar de esto puede ayudar a muchas mujeres y que saber que otra persona ha pasado o está pasando por lo mismo que tú proporciona algo de consuelo.

Para terminar, os enseño la evolución de la tripita durante estos meses

Gracias de nuevo a todos…

Miss Sara & Co

 

 

¡Estoy embarazada!

Much@s son las preguntas que me habéis planteado desde que anuncié en las RRSS que estoy embarazada.

“¿Cuánto has tardado en quedarte otra vez embarazada?”

“¿Cómo te enteraste?”

“¿Qué pensaste cuando te enteraste?”

Etc…

Pues bien, os voy a contar como fue todo…

Después del aborto, como creo que les pasa a muchas mujeres, no quería ni volver a oír hablar de otro posible embarazo. Me daba pánico, literalmente.

Después de su periodo correspondiente, los médicos me dieron “el alta” y me comentaron que a partir de ese momento “poníamos de nuevo el contador a cero” en lo que a la parte física se refería, pero que por el tema psicológico yo decidiría cuando volver a intentarlo.  Según la doctora me decía eso yo pensaba “pues entonces me da que no voy a volver en mucho tiempo”. Nada más lejos de la realidad… porque como se suele decir “no se puede escupir pa’ arriba”.

En fin, que pasado unas semanas, en el trabajo, empecé a notarme rara. Sueño, hinchazón, sensibilidad en el pecho… Os aseguro que JAMÁS DE LOS JAMASES pensé que estaba embarazada. Pasaba un día, y otro y otro… y yo super tranquila seguía con mi vida, ni siquiera estaba pendiente del calendario… Para que veáis hasta qué punto estaba convencida, pedí en Amazon unos test de ovulación para saber si tras el aborto se me había regulado bien el ciclo, casualmente era el típico pack que venía con unos cinco test de embarazo. Si alguna vez se me pasaba por la cabeza pensaba: “No lo hemos buscado, hay una posibilidad entre 5500 millones”. (¡Qué ilusa!)

Un día, por la mañana, en el trabajo, empecé a darle vueltas a la cabeza… ¿Sabéis ese momento en el que se te enciende de repente la bombilla y empiezas a verlo todo con más claridad?, pues algo así me pasó a mi… ¿Sería posible?. Sólo había una manera de saberlo. Tenía test en casa y lo mejor era hacerme uno y salir de dudas. Pasé una mañanita toledana dándole vueltas a la cabeza. Justo ese día había quedado con mi padre para comer en su casa y me pasaba a buscar. No podría hacerme el test hasta por la tarde y estaba ya demasiado impaciente. Así que según íbamos de camino le pedí que por favor parase en mi casa un segundo, tenía algo que coger. (MENTIRA).

Él se quedó en el coche esperando y yo subí. Me lo hice… y a los 10 segundos vi que asomaba la segunda rayita rosa… El corazón me iba a mil, cada vez que miraba la rayita estaba más marcada. ¡Oh Dios mío!, ¡No podía ser!.

Pero sí, sí era, #littlerainbow🌈 ya estaba en nuestras vidas.

Imaginad el ejercicio de contención que tuve que hacer para que al bajar no se me notase ni la emoción, ni el temblor de mis manos, ni la felicidad que tenía en el cuerpo en ese momento.

Escribí un WhatsApp al #SrMarido de cual me arrepentí al segundo (suerte que ahora se pueden borrar antes de que los lean). Decidí que esperaría y se lo diría por la tarde cuando llegase a casa. Esa tarde se me hizo eterna, no pude ni echarme la siesta, estaba alucinando. Creo que me pasé media tarde, en la cama de mis padres, mirando al techo, sonriendo como una boba.

Cuando llegó la hora de irme a casa, hablé con el #SrMarido y quedamos en vernos en la puerta de nuestra urbanización para subir juntos. Cuando le saqué el test y se lo enseñé… flipó… literalmente. Nos fuimos a comprar y la cara que llevábamos debía ser de “atontolinados” total.

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Prueba gráfica de nuestra cara ese día

Al día siguiente decidí hacerme otro test y el Clear Blue y todo salió positivo de nuevo. Estaba confirmado, “¿Y ahora qué?”. En ese momento no lo sabía pero lo que me esperaban eran, quizás, los meses más duros de mi vida…

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Test

Gracias.

Miss Sara & Co.

 

 

 

 

 

 

 

ABORTO A LAS 7 SEMANAS

Antes de nada, quiero empezar diciendo que para escribir este post, he pedido consejo a los que más me quieren. Es una parte muy personal de mi vida que está reciente y que no ha sido fácil. Si lo hago es porque a mi, mientras he pasado por este trance tan doloroso, me ha ayudado leer como otras mujeres han pasado y sentido lo mismo que yo. Pero vayamos por partes…

No voy a contar como pasó todo, con detalles y cronología exacta, quiero compartir como viví yo este trance, porque sí, es un trance, no hay otra forma de llamarlo.

El miércoles 16 de mayo, tras sentirme rara y tener algún síntoma, me hice un test de embarazo y nos enteramos de que íbamos a ser papás. No llevábamos mucho intentándolo y fue una sorpresa quedarme embarazada tan rápido. Tres días después se lo dijimos a nuestros padres y familiares más cercanos.

La verdad, yo nunca me lo llegué a creer del todo, estaba en un momento de completa felicidad, de esos que dan miedo porque sabes que de un minuto a otro todo puede cambiar.

Estando de 5 semanas me hice mi primera eco, no se veía nada, pero la gine me dijo que podía ser normal debido a mis ciclos. No obstante, me dio cita para una semana después y me recomendó no hacer esfuerzos por el riesgo que había de que pudiera ser un embarazo ectópico. Os podéis imaginar como estuve esa semana… Creo que fue justo ahí cuando supe que algo no iba bien… No puedo explicar esa sensación, ni por qué lo sentí, pero yo sabía que esa felicidad no duraría mucho. Quizás sea ese instinto que tenemos las mujeres, como cuando supe antes de hacerme la prueba que estaba embarazada.

Cuando volví a la consulta, un viernes, una semana después, me temblaban las piernas, entré con un miedo inmenso, y cuando me hizo la ecografía ahí estaba. ¡Una bolsita pequeñita! Para mi, en ese momento fue una buenísima noticia, aunque seguía siendo muy pequeño para estar de 6 semanas, y el embrión no aparecía aún. Mi doctora no le dio demasiada importancia y yo la verdad es que en ese momento me quedé tranquila y me dije que empezaría a disfrutar del embarazo.

Unos cinco días después, al llegar del trabajo, vi que empezaba a manchar de manera muy tenue. La verdad es que me asusté muchísimo. Mi marido estaba trabajando y por no asustarle llamé a mis padres para irnos a urgencias. Ellos llegaron en un santiamén y nos fuimos pitando para el hospital.

Cuando llegué allí, me miraron y me comentaron que no era nada grave, que mantuviera “reposo relativo” y que me vigilara. Al día siguiente manché un poquito más y así, progresivamente, durante los siguientes días, en los que acudí a urgencias una o dos veces más. Los médicos me decían que no tenía por qué terminar en un aborto pero yo sabía, sentía, el desenlace que tendría aquello… Durante esos días me sentí impotente y muy triste, sólo pensaba en que acabase lo antes posible, y a su vez, pensar eso me hacía sentirme culpable. Veía a mi marido y mis seres queridos aún con esperanza y sentía que les iba a defraudar. El viernes empecé con unos dolores insoportables y me fui de nuevo al hospital. En el hospital me comunicaron que había perdido el bebé.

Tocaba volver a casa con una sensación horrible, de vacío y dolor. No podía parar de preguntarme como algo tan pequeño, que no se puede tocar, tan solo sentir, podía causar tantas emociones. Diría que los tres primeros días fueron como si estuviese viviendo todo desde fuera, me centraba en tomarme mi medicación y en recuperarme físicamente. Creo que lo peor empezó cuando empecé a sentirme otra vez “yo” y mi cuerpo fue recuperándose.

Lo peor eran las noches, cuando mi marido se dormía y yo me quedaba mirando al techo, dándole vueltas a la cabeza y llorando en silencio. Leía, veía vídeos en YouTube, intentado entender lo que estaba sintiendo y cómo superarlo. Al principio me sentía fatal, no entendía lo que me estaba pasando, la palabra que mejor define lo que sentía en ese momento es DOLOR.

Escuchaba como la gente me decía cosas como: “No te preocupes, eres joven”, “Tranquila, te has quedado muy rápido, lo vuelves a intentar y ya está” o “Ahora lo volvéis a intentar y verás como te quedas embarazada muy rápido”. Y yo pensaba: ME DA IGUAL, no quiero otro embarazo, no quiero otro bebé, yo quería ESTE embarazo.

Ninguna de estas frases me consolaba, y no creo que le consuelen a ninguna mujer que esté pasando o haya pasado por esto. La realidad es que estabas embarazada y en cuestión de horas ya no lo estás, ibas a ser mamá y ya no lo vas a ser… Después de contarle a mi gine como me sentía tras el aborto me dijo: “Sara, es humano, les pasa a todas las mujeres, porque tú ya te has imaginado tu vida con ese bebé, sin importar del tiempo que estés embarazada”. Y tengo que reconocer que esas palabras me proporcionaron algo de consuelo.

Sé que es difícil para las personas que te rodean y quieren estar a tu lado en un momento así y que muchas veces estas frases, se dicen porque no saben qué decir ni como actuar. El cambio hormonal tan brutal que sufres tampoco ayuda en esos momentos…

En varias de esas publicaciones y vídeos que vi durante los primero días, leí y escuché que las mujeres tenemos que pasar y vivir un periodo de duelo después de perder un embarazo. Cinco días después me incorporé a trabajar, no quería estar demasiado tiempo en casa, necesitaba ocupar la mente. Fue una buena decisión, durante mi jornada laboral no había sitio para pensar demasiado en ello. Cuando llegaba a casa otra vez la pena se adueñaba de mi y no podía evitar llorar y llorar. Me desahogaba, me lavaba la cara y continuaba con mi vida. Sabía que iba a tener esos momentos, pero me decía a mi misma que era un ratito, que pasaría y me sentiría mucho mejor. Y así era. Poco a poco esos momentos han sido cada vez menos, y aunque, casi un mes después sigo pensando mucho en ello, el dolor ha disminuido.

En la última revisión todo estaba perfecto, mi cuerpo había vuelto a su ser y la Doctora me dijo que físicamente “poníamos el contador a cero de nuevo” aunque eso no es lo importante, lo importante es que para buscar un nuevo embarazo hay que tener la herida curada, y para eso yo tengo que manejar mis propios tiempos. Hay mujeres que quieren buscar el embarazo en cuanto pueden, hay otras que prefieren esperar unos ciclos… Yo creo que eso, al igual que cuando decidí buscar el embarazo la primera vez, surgirá de un momento a otro, cuando nos apetezca a los dos y nos sintamos preparados de nuevo. Lo que tengo claro que en esto “un clavo no saca otro clavo”.

Muchas veces, pienso en cómo sería volver a quedarme embarazada y me da miedo pensar en que no podamos vivir el momento de hacerme el test, o de la primera ecografía con la misma ilusión con la que lo hicimos la primera vez. Estoy segura que intentaremos que no sea así, pero no nos vamos a engañar, ese miedo siempre estará ahí.

Por último y para finalizar, no quería dejar de comentar lo importante que es tener a tu lado a gente que te cuida y te quiere. Mi familia y mi marido, que valen su peso en oro, y aunque muchas veces no me entendían y se que se sentían impotentes por no poder hacerlo, han sido un pilar fundamental para poder pasar por esto. Porque de estas experiencias hay que sacar lo bueno, e incluso lo “bonito”. Y para mí una de las cosas más bonitas ha sido superar esto de la mano de mi marido, los dos más unidos que nunca. Una vez más me ha demostrado quién es y por qué decidí pasar el resto de mi vida con él.

Quiero dejaros un artículo que encontré uno de estos días que me parece muy interesante del #clubdemalasmadres. Una de las cosas que me pasó fue que cuando comenté con la gente de mi entorno lo que me había pasado, muchas de esas personas habían pasado por lo mismo y no lo habían contado. Creo, que como dice el artículo, el silencio no ayuda. Entiendo que es un tema muy doloroso, pero no se puede meter debajo del felpudo porque por desgracia, esto pasa más de lo que creemos, y cuando te pasa, necesitas saber que no eres la única y que hay más gente sintiendo lo mismo que tú.

https://clubdemalasmadres.com/como-superar-un-aborto-espontaneo/

GRACIAS

Miss Sara & Co…

 

 

 

SESIÓN DE FOTOS PREBODA

Bueno querid@s,

Hoy os traigo un post muy especial para el Sr. Marido y para mí. Y es que, nosotros no estábamos muy convencidos de hacer la sesión de fotos “preboda”. No lo veíamos estrictamente necesario, es más, las fotos siempre nos han dado un poquito de pereza.

Para que el Sr. Marido se haga una foto conmigo tengo que rogarle, suplicarle e incluso chantajearle, así que, como comprenderéis, a él le hacía menos gracia que a mí hacer más fotos de las estrictamente necesarias.

Menos mal, que Jose, de José Reina Photography nos explicó, que este tipo de sesiones él las solía hacer un mes antes aproximadamente del día de la boda, para que ese día nos encontrásemos mucho más cómodos y tuviéramos más confianza con él.

Y, efectivamente, un mes antes volvimos a hablar con Jose. Yo quería hacerlas en plena naturaleza, en un sitio que reflejara la época del año en la que estábamos (mediados de Noviembre) y en la que sería la boda. Él nos recomendó varios lugares y nosotros nos decidimos por Rascafría.

La verdad, no puedo estar más contenta tanto de haber decidido hacer esta sesión de fotos, como del profesional que elegimos y el lugar.

Como ya habéis podido ver en el blog (porque alguna foto la he utilizado para las entradas de los post), la luz, los colores ocres, las hojas, los árboles y el ambiente son una pasada…

Además, tengo que decir, que ese día salía de la prueba de maquillaje y peluquería de un sitio bastante conocido (el cuál mejor me ahorro el nombre) y tenía una mezcla de cabreo, desilusión, desesperación y tristeza increíbles. Es más, ¡había estado llorando! Porque sí, a menos de un mes de mi boda, y después de cinco horas de prueba había sido un auténtico desastre y no tenía quien me peinara ni maquillara.

Así que querid@s, creedme cuando os digo que ese día no tenía ni ganas, ni cuerpo, ni cara para hacer esta sesión. Y aún así, creo que quedó preciosa…

Os dejo alguna foto más por aquí…

JOSE REINA PHOTOGRAPHYJOSE REINA PHOTOGRAPHYJOSE REINA PHOTOGRAPHYJOSE REINA PHOTOGRAPHYJOSE REINA PHOTOGRAPHYJOSE REINA PHOTOGRAPHYJOSE REINA PHOTOGRAPHYJOSE REINA PHOTOGRAPHYJOSE REINA PHOTOGRAPHYJOSE REINA PHOTOGRAPHYJOSE REINA PHOTOGRAPHY

¿Qué os parecen?

Yo creo que quedaron bastante bien.

Además, como os decía, nosotros no somos mucho de fotos, y menos de este tipo, así que al fin y al cabo, esto será un recuerdo precioso que nos quedará para siempre de esta época que vivimos con tanta ilusión.

Espero que os guste…

Miss Sara & Co

LÁMINAS DÍA DE LA MADRE

Después de mucho tiempo de descanso, malos momentos y reflexión, vuelvo con las pilas cargadas y mil ideas para el blog…

Aunque muy justas de tiempo, hoy comparto con vosotras una idea muy chula para regalar el día de la madre.

Se trata de unas láminas en formato A4 que he diseñado para que podáis decirle a vuestra mami cuanto la queréis y lo especial que es ella para vosotr@s. Porque, aunque suene a tópico, como una madre no hay nada.

Es tan fácil como imprimir, elegir el marco que más te guste y regalárselo a tu maravillosa madre.

Os dejo el enlace de todas para que os las podáis descargar sin problemas, sólo tenéis que clickar justo en el nombre de la lámina que aparece debajo de cada una.

 

Estoy hecha (2)
The Best
Estoy hecha (4)
Y punto
Estoy hecha (3)
Todo y más
Estoy hecha (1)
Lo imposible Mint
Estoy hecha
Lo imposible Blanco
Estoy hecha (5)
Y más allá

Espero que os gusten…

Muy pronto lanzamos nuevo proyecto, estoy super emocionada por la cantidad de cosas que os tengo que contar…

Gracias.

Miss Sara & Co.