MI PARTO – PRIMERA PARTE

Hace demasiado que no escribo, pero es que, por muy santo que sea mi hijo, sacar tiempo para sentarse delante del ordenador “tranquilamente” es difícil.

Hoy traigo un post muy especial, creo que muchos más que escriba, este siempre será el más especial.

Alguien me dijo que recordaría ese día en bucle durante un tiempo cuando diese a luz, y es cierto. Incluso he recordado detalles de los que no me acordaba semanas después.

En primer lugar os diré que para mí el tiempo pasó muy rápido, no miraba el reloj apenas así que, no os puedo decir con exactitud el tiempo transcurrido exacto ni tampoco la hora en la que pasaba cada cosa.

Pero, no quiero adelantarme, porque este parto “empieza” en la semana 37, cuando empiezan a hacerme monitores y a controlarme el cuello del útero.

En esta primera semana la dinámica como le llaman, o lo que es lo mismo, las contracciones y la frecuencia cardiaca del bebé, era normal. No tenía contracciones apenas y el niño estaba perfecto, por lo que mi gine me planificó el seguimiento para las  cuatro semanas siguientes, ese seguimiento eran los miércoles, monitores por la mañana y consulta con ella por la tarde.

Ese día que acudí a consulta y tras el primer tacto, pasé una noche “toledana”. Empecé con bastantes contracciones y bastante dolorosas durante varias horas. Estuve controlándolas pero no eran regulares y durante la madrugada pararon y caí rendida en la cama.

Yo me frotaba ya las manos pensando que esas contracciones significaban que el momento estaba cerca (nada más lejos de la realidad).

Durante las siguientes semanas llegué a borrar el cuello y dilatar dos centímetros, pero no conseguía pasar de ahí…

El 25 de marzo salía de cuentas, y esa semana, el 27 de marzo, estando de 40+3, acudí a mi seguimiento habitual de los miércoles. Sabía que sí o sí quedaba poquito para ver la cara de mi niño, porque durante esas semanas ya habíamos hablado sobre la posibilidad de provocar el parto si en algún momento el niño sufría o si no conseguía ponerme de parto de manera natural. Por lo que esperaba que me diese un día tope de la semana siguiente para hacerlo. Pero cuando leí el informe de monitores vi que había algo nuevo, era un término médico, pero era algo así como “dinámica activa”. Cuando llegué a la consulta, la Doctora echó un vistazo al monitor que me había hecho por la mañana y me exploró. Cuando terminó sus palabras fueron: “Te voy a hacer una proposición, sigues igual de dilatación, pero estás teniendo contracciones cada vez más regulares aunque no muy fuertes, no estás de parto franco, pero te queda poco. Mañana vamos a estar todo mi equipo y yo en el hospital, te propongo que vengas a las 8 y empezamos a estimularte”

Mi cara era un cuadro, en serio, tonta de mí, aunque sabía que el momento estaba al caer, no me esperaba para nada que estuviera TAN CERCA. Hasta tal punto que también me ofreció la posibilidad de esperar hasta el 1 de abril (lunes y primer día en el que entraba en vigor la paternidad de 8 semanas).

Cuando conseguí reaccionar, me explicó que al no saber al cien por cien cuando me había quedado embarazada, mi fecha probable de parto no era muy fiable y no quería arriesgarse a dejar pasar demasiado tiempo  (os dejo el enlace por si no conoces mi historia). Además con la dinámica que tenía no era “provocar” el parto si no “estimular” ya que no partíamos de cero.

¡Ah, se me olvidaba!, ese día en el tacto, me hizo la maniobra de Hamilton, que para las que no lo sepan, es un método de inducción del parto que consiste en despegar con el dedo las membranas amnióticas de la pared del útero. Por lo que me avisó que independientemente de lo que decidiese podía ponerme de parto en cualquier momento.

Creo que por la cara que pusimos el Sr. Marido y yo entendió que nos habíamos quedado en shock y nos animó a que fuésemos a tomar un café y después le comunicásemos nuestra decisión. Y así lo hicimos, llamamos a nuestros padres, hablamos durante un buen rato, y decidimos hacerlo. Esperaríamos esa noche, y si no nos poníamos de parto, iríamos al hospital para empezar a estimular el parto. Una de las cosas que más nos hizo inclinar la balanza hacia esta decisión, fue el hecho de no saber exactamente cuándo habíamos concebido a nuestro hijo y no tener todos los datos como en un embarazo normal. Nos daba miedo estar de una semana más, aunque es cierto que la Doctora nos comentó que si decidíamos esperar nos vigilaría todos los días (incluso el fin de semana) con monitores para ver el estado del bebé.

Siempre tuve la ilusión de ponerme de parto, romper aguas, contar las contracciones y coger la maleta de madrugada para ir al hospital, etc… (Así me lo había imaginado siempre), pero no queríamos bajo ningún concepto poner en riesgo la salud de nuestro bebé. Y la verdad, es una decisión de la que no me arrepiento.

Nos cogimos de la mano, volvimos a la consulta y le comunicamos lo que habíamos decidido. Esa tarde nos fuimos a lavar el coche, nos hicimos unos espaguetis con tomate y vimos una peli. Aprovechamos nuestro último momentito de dos esperando con impaciencia que pasaran las horas para ser una familia de tres…

Miss Sara & Co

 

 

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