MI PEDIDA DE MANO

Bueno, pues ya estamos por aquí de nuevo para contaros cómo fue mi pedida de mano.

La verdad es que yo siempre había soñado con ese momento, lo tenía bastante idealizado (quizá por las pelis de Divinity). Aunque los dos teníamos claro que queríamos casarnos, al Sr. Marido era un tema que no le corría ninguna prisa, por lo que era algo que estaba encima de la mesa, pero nunca te lo esperas.

Un 20 de noviembre como otro cualquiera, si no recuerdo mal un jueves, me llama el Sr. Marido y me dice que tiene que darme una noticia muy buena en relación a su trabajo, que va a cambiar nuestra vida y que me invitaba a cenar esa noche para celebrarlo. Para poneros en antecedentes, mi marido, por entonces, estaba temporal en una gran empresa, haciendo todos los méritos posibles para que le contratasen de manera indefinida. Lo primero que pensé fue que le habían contratado o que le había llamado la competencia para ofrecerle un puesto.

Cuando llegó a casa, yo me moría por saber que era lo que tenía que contarme, pero por supuesto, él no me dijo nada, lo único que hizo durante toda la tarde fue, sin llegar a decirme nada claro, alimentar mi idea del contrato indefinido.

Otra cosa que tampoco me dijo fue dónde íbamos a cenar, sabía que había reservado en algún sitio porque me dijo que teníamos que salir de casa a una hora concreta pero no sabía dónde.

Cuando me monté en el coche y puso el GPS, aluciné con el tiempo de trayecto ¡Casi una hora! Mi lado cotilla no podía más, y le martiricé todo el camino con preguntas y suposiciones, incluso creo que en algún momento le dije algo así como: “¿No me irás a pedir matrimonio ahora verdad?”

Al fin llegamos, era un pueblo pequeño, hacía frío, estaba todo cerrado y no había ni un alma ya por la calle. Cuando vi el tema, tengo que confesar que me temí lo peor… Pero de pronto, llegamos a una especie de callejón y al entrar veo un vagón de tren precioso, era un restaurante muy pequeñito, dentro de un vagón de tren, me quedé alucinada, incluso creo que él también alucinó un poco.

Al entrar, nos ayudaron con los abrigos, los colgaron en un perchero que había cerca de la mesa y nos sentaron en una mesita pequeña, con una luz muy tenue y romántica. Al ver el menú se me empezó a caer la baba. Pedimos una botella de vino y veía que, aún sin gustarle, el Sr. Marido no paraba de pedir que le sirvieran más, aunque no le di mayor importancia. En ese momento yo estaba hablando continuamente con mis amigas por WhatsApp comentándoles la jugada, empecé a sospechar algo, la verdad. Lo que no sabía es que él también estaba hablando con ellas, ya que le ayudaron a preparar todo.

A mitad de la cena me levanté para ir al baño. En ese momento él aprovechó para coger el anillo que tenía en el abrigo y se lo puso debajo de la mesa. Cuando volví, él me dijo que también necesitaba ir al baño, y al levantarse, se arrodilló, cogió la caja del anillo, la abrió y me dijo: ¿QUIERES CASARTE CONMIGO?

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Me quedé… sin palabras…

Las personas que estaban en el restaurante nos empezaron a mirar con los mismos ojos del “gatito de shrek” y a aplaudir, yo estaba en shock, sinceramente, algo me olía pero jamás pensé que hincaría rodilla, y menos así, delante de todo el mundo al más puro estilo “Divinity”. Por supuesto, le dije que sí, y él, estaba tan nervioso y le daba tanta vergüenza la situación que me dejó el anillo en la mesa y se volvió a sentar… cuando lo vi no me podía reír más… le dije: “¿Pero es que no me lo piensas poner?”

Lo demás ya os lo podéis imaginar… volvimos a casa en una nube y a partir de ahí empezó la aventura…

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Muy pronto más…
Miss Sara & Co